Postura
CONEP: una postura cincelada en la prudencia
Aunque duela a las empresas, pide mantener elevadas tasas, pero a la vez demanda más eficiencia en el gasto

El CONEP hace énfasis en aumentar la inversión pública en infraestructura.
Para hacer frente a los embates de la guerra en el Medio Oriente sobre la economía dominicana, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ha adoptado una postura que, más que circunstancial, parece cincelada en la prudencia: pro-estabilidad y con vocación reformista, aun cuando ello implique rozar —y en ocasiones contrariar— intereses empresariales inmediatos.
Aunque no sin incomodidad para las empresas que representa, el CONEP asume que, en la actual coyuntura, las tasas de interés elevadas deben mantenerse. Este reconocimiento, lejos de ser una concesión resignada, es una lectura lúcida del momento: el mayor peligro no radica hoy en la lentitud del crecimiento, sino en la sombra persistente de la inflación importada —energía y alimentos—, la posible fuga de capitales y la volatilidad cambiaria que acecha como un mar inquieto.
En el ámbito fiscal, el mensaje se articula con claridad meridiana: “ajuste ordenado, no populismo”. Así, el gremio aboga por un gasto público contenido en lo esencial, por subsidios mejor dirigidos —no su eliminación, sino su afinación— y por una reducción de la pesada maquinaria burocrática. Sin embargo, introduce un matiz clave: la inversión pública en infraestructura no debe detenerse, al contrario, ha de sostenerse como columna vertebral del desarrollo.
De este modo, se intenta evitar el desbordamiento del gasto, ese río crecido que podría engrosar la deuda, avivar las brasas de la inflación y erosionar la confianza de los inversionistas.
Para el CONEP, la informalidad no es un dato más, sino una herida abierta: que más del 54% de la fuerza laboral permanezca al margen de la formalidad resulta, a todas luces, inaceptable. A la par, subraya la urgencia de reducir la evasión fiscal. Ambas grietas representan, en realidad una oportunidad: ampliar los ingresos del Estado sin cargar el peso del ajuste exclusivamente sobre el sector productivo que sí cumple, sino también sobre quienes eluden y sobre un Estado llamado a mirarse a sí mismo y corregir sus ineficiencias.
El enfoque del CONEP, en este sentido, trasciende la coyuntura inmediata: no se limita a apagar incendios, sino que intenta rediseñar la arquitectura. Es una apuesta por lo estructural, por convertir la crisis en palanca de reformas largamente postergadas.
Asimismo, procura proyectar hacia los mercados una señal de coherencia y madurez: disciplina fiscal, política monetaria prudente y continuidad institucional como tríada que inspire confianza. Bajo este prisma, la inversión extranjera no solo llegaría, sino que encontraría terreno fértil; el peso se vería apuntalado y la economía dominicana respiraría con mayor certidumbre.
En definitiva, la postura del CONEP se dibuja como un ejercicio de equilibrio: un “ajuste responsable” que, lejos de ser una consigna vacía, aspira a convertirse en hoja de ruta.