Asimetrías
Haití compite en costo, RD, en confianza
El salario de 5.65 dólares diarios que pagará Haití es equivalente a unos 185.5 dólares mensuales

Trabajadores haitianos.
El anunciado aumento del salario mínimo para el sector manufacturero en Haití —de 685 gourdes diarios (5.65 dólares) a 1,000 gourdes (unos 7.7 dólares)— vuelve a poner en evidencia la distancia abismal que separa las políticas salariales de los dos países que comparten la isla de Santo Domingo.
Mientras Haití continúa atrapado en la lógica de los salarios de subsistencia, la República Dominicana ha comenzado, aunque con dificultades, a abrirse paso hacia un esquema de remuneraciones más competitivas y acordes con una economía en expansión.
Las cifras hablan con la crudeza de los números y elocuencia de los hechos. El salario de 5.65 dólares diarios que pagará Haití —equivalente a unos 185.5 dólares mensuales, tomando como referencia un promedio laboral de 23.5 días al mes— será 2.2 veces menor que el salario mínimo de las zonas francas dominicanas a partir del 1 de junio: RD$20,875 mensuales, equivalentes a 403.1 dólares.
La brecha se ensancha aún más al comparar ese ingreso con el de las grandes empresas dominicanas, cuyo salario mínimo asciende a RD$29,988 mensuales (502.2 dólares), es decir, 2.7 veces más que el salario manufacturero haitiano. También resulta 2.5 veces menor que el de las medianas empresas (RD$27,489.60, equivalentes a 460.4 dólares); 1.7 veces inferior al de las pequeñas empresas (RD$18,421.20, unos 308.5 dólares) y 1.5 veces menor que el de las microempresas dominicanas (RD$16,993.20, equivalentes a 284.6 dólares).
Sin embargo, la verdadera diferencia entre Haití y la República Dominicana no reside únicamente en el monto del salario, sino en lo que ambos países encarnan dentro de dos modelos distintos de desarrollo productivo sobre una misma tierra compartida.
Detrás de esas profundas asimetrías salariales subyace una realidad estructural: Haití, al mantener un salario manufacturero extremadamente bajo en términos de dólares, refleja una economía que todavía depende de competir a partir del costo de la mano de obra. La República Dominicana, en cambio, ha llegado a un punto en el que ya no puede sostener su competitividad únicamente sobre salarios relativamente bajos. El ingreso promedio ha aumentado, el costo de vida es más elevado, la economía se ha vuelto más compleja y las aspiraciones sociales reclaman otro horizonte.
Por eso, mientras Haití procura sobrevivir mediante el abaratamiento relativo del trabajo, la República Dominicana necesita avanzar a través del encarecimiento productivo del trabajo, es decir, mediante una mayor productividad, mejor capacitación, innovación y valor agregado.
Haití busca seguir siendo atractivo porque produce barato. La República Dominicana, en cambio, necesita ser atractiva porque produce mejor, más rápido y con mayor sofisticación económica.
Ese contraste coloca al país ante un desafío decisivo: evitar la llamada “trampa del ingreso medio”, ese territorio ambiguo donde los salarios dejan de ser suficientemente bajos para competir por costo, pero la productividad todavía no alcanza los niveles necesarios para competir con economías más avanzadas.
Dicho de manera más simple y quizá, más reveladora: Haití compite desde el costo, la República Dominicana debe competir desde la confianza.