Informe
Interpretando al Banco Central sobre el riesgo externo
El BC y el Ministerio de Hacienda y Economía han hablado claro. Dos voces distintas, sí, pero afinadas en una misma tonalidad

Héctór Valdez Albizu, gobernador del Banco Central
Aunque quizá sin acuerdo previo, el Banco Central emitió el pasado miércoles un documento titulado “La economía dominicana en un entorno de incertidumbre creciente”. En él apunta, con notable coincidencia, al mismo horizonte que había señalado el martes el ministro de Hacienda y Economía durante su conferencia ante la Cámara Americana de Comercio.
Antes de disparar su diagnóstico, la institución monetaria preparó el terreno. Abordó la posibilidad de que la economía dominicana pueda sortear el impacto en la cuenta corriente de la balanza de pagos tanto de los cambios arancelarios en Estados Unidos como de las tensiones en Medio Oriente y su inevitable eco en el precio del petróleo.
Lo hizo con cautela, pero también con serenidad técnica. En el caso del arancel global establecido por Estados Unidos, sostuvo que no debería tener mayores efectos sobre la competitividad dominicana, en la medida en que se aplicaría por igual a todos los países.
No obstante, reconoció que podría resentirse la demanda de ciertos productos de exportación dominicanos, como resultado del aumento de precios que provocaría su aplicación. Como contrapunto alentador, señaló que la Casa Blanca ha indicado que los textiles y prendas de vestir amparados por el DR-CAFTA estarían exentos de dicho arancel, por lo que las exportaciones de zonas francas en estos rubros no se verían afectadas. El principal desafío, advierte el Banco Central, sería reforzar los esfuerzos diplomáticos si ese arancel global llegara a prolongarse más allá del período inicialmente permitido.
En cuanto al precio del petróleo, el Banco Central reconoce que un aumento eventual —por ejemplo, de diez dólares por barril por encima del precio utilizado para calcular la proyección del déficit en cuenta corriente, estimado en 0.48 % del PIB para 2026— podría ejercer presión sobre las cuentas externas. Sin embargo, ofrece una nota tranquilizadora: sus estimaciones sugieren que un alza de US$95.5 por onza troy en el precio del oro respecto al escenario base bastaría para compensar el efecto que tendría un dólar adicional en el precio del petróleo sobre la cuenta corriente. En otras palabras, el brillo del oro podría equilibrar, al menos parcialmente, la sombra que proyecta el crudo.
Pero queda un riesgo por cubrir. Y el Banco Central lo menciona, aunque sin extenderse demasiado, quizá porque no corresponde a su ámbito directo resolverlo. Aún así, lo señala con la misma claridad con que lo hizo Magín Díaz: para mantener la confianza que los mercados depositan en la economía dominicana resulta fundamental la aplicación de una política fiscal prudente, capaz de recuperar la inversión pública sin poner en peligro los objetivos de la ley de responsabilidad fiscal. A ello deberían sumarse medidas que incrementen los ingresos públicos y eliminen trabas y distorsiones que hoy limitan la inversión privada y la dinamización del crecimiento. Solo así —sugiere entre líneas— podrá mantenerse una senda favorable hacia el desarrollo económico del país.
De esta manera, el Banco Central y el Ministerio de Hacienda y Economía han hablado claro. Dos voces distintas, sí, pero afinadas en una misma tonalidad, como si hubieran ensayado juntas para transmitir un mismo mensaje: en tiempos de incertidumbre, la prudencia económica no es solo una virtud, sino una brújula.