Diferencia
RD y Colombia: dos monedas, dos caminos
En economías pequeñas y altamente dolarizadas la estabilidad cambiaria vale más que la pureza del modelo teórico

A pesar de la depreciación del peso, la inflación estuvo en el rango meta.
Lo ocurrido recientemente con el valor del peso colombiano frente al peso dominicano confirma que la lógica simple no basta para explicar el comportamiento cambiario ni su impacto sobre los precios. El fenómeno es, por naturaleza, complejo.
En primer lugar, si el dólar se ha depreciado cerca de un 10 % en el mercado global de divisas en 2025 –según Índice Dólar (DXY), que compara el billete verde frente a una cesta de divisas principales- la intuición más elemental llevaría a prever una apreciación significativa de monedas como la colombiana y la dominicana.
En el caso colombiano, así ocurrió: el peso se apreció aproximadamente un 12 %, luego de una marcada depreciación en 2024, lo que evidencia un comportamiento volátil.
En cambio, el caso dominicano fue distinto: el peso se depreció alrededor de un 4% nominal (y un 3.13 % en promedio anual), aunque esa tasa fue menor que la de 2024, cuando rondó el 5 %.
Las diferencias en el desempeño de ambas monedas obedecen a múltiples factores, por limitaciones de espacio, nos concentraremos en uno: la gestión del mercado cambiario.
Si evaluamos estabilidad macroeconómica integral, menor vulnerabilidad externa y manejo preventivo de riesgos, podría argumentarse que la República Dominicana muestra mayor efectividad en términos de estabilidad sistémica.
Si, en cambio, priorizamos la consistencia técnica bajo un régimen de flotación más pura y la tolerancia a los ajustes propios del mercado, Colombia exhibe mayor apego a la disciplina monetaria clásica.
Sin embargo, en economías pequeñas y altamente dolarizadas —como la dominicana— la estabilidad cambiaria suele tener un valor superior a la pureza del modelo teórico.
Ahora bien, si cambiamos el enfoque hacia el impacto de la depreciación global del dólar y del tipo de cambio local sobre los precios internos, la relación tampoco es lineal.
Si el dólar se deprecia 10 % a nivel mundial y las importaciones se pagan en dólares, el efecto sobre los precios dependerá de la moneda en que realmente se determinen los costos. Si la República Dominicana importa principalmente desde Europa o Asia y los precios están denominados en euros o yuanes, la depreciación del dólar podría abaratar los costos en dólares. Pero si las transacciones se facturan en dólares, el efecto sería mucho más limitado. Lo mismo aplica para Colombia.
Sin embargo, en cuanto al tipo de cambio local —es decir, el precio del dólar en el mercado interno— la lógica simple sugiere que una reducción del tipo de cambio debería moderar la inflación, ya que los importadores necesitan menos pesos para adquirir divisas. No obstante, la evidencia no confirma una relación automática: en 2025 Colombia registró una inflación ligeramente superior a la de la República Dominicana, a pesar de que su moneda se apreció significativamente y la nuestra se depreció moderadamente.
La incidencia depende de múltiples factores: frente a qué monedas se deprecia el dólar, la estructura de importaciones de cada país, la composición de la canasta de consumo y los mecanismos de traslado cambiario a precios, “elasticidad-precio de importaciones” y anclaje de expectativas.
Si un país importa desde economías cuyas monedas se aprecian frente al dólar, el costo en dólares de esos bienes puede disminuir, lo que aisladamente tendría un efecto desinflacionario.
Por otra parte, cuando el peso dominicano se deprecia frente al dólar, los bienes cotizados en dólares —combustibles, alimentos, insumos industriales— se encarecen en moneda local, lo que tiende a ser inflacionario. Sin embargo, la inflación dominicana en 2025 (4.95%) no siguió una trayectoria mecánica respecto al comportamiento cambiario, lo que confirma la existencia de factores compensatorios. Y lo mismo debe decirse de la inflación colombiana que, a pesar de la depreciación de la moneda, fue de 5.20% en 2025, por encima de la meta del 3% y de la inflación dominicana.
Existen además efectos indirectos. Si el dólar se deprecia 10 % globalmente, los insumos que Estados Unidos importa desde Europa y Asia podrían abaratarse en dólares, reduciendo costos de producción en bienes estadounidenses. Parte de esa reducción podría eventualmente trasladarse a la República Dominicana, dependiendo de la competencia, los márgenes de intermediación, la naturaleza del bien (commodities o manufacturas) y la política comercial. No obstante, estos efectos suelen ser parciales y graduales.
Con esto basta para comprender que el vínculo entre tipo de cambio e inflación está lejos de ser simple o automático.