Guardianes de la verdad Economía

Semiconductores

Zonas francas: de la repetición al vuelo de la imaginación

Esta nueva dimensión industrial exige capital intensivo, infraestructura especializada y una industrialización más avanzada.

Energía estable y de calidad es clave para la producción de semiconductores.

Energía estable y de calidad es clave para la producción de semiconductores.

Mario Mendez
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Ya no tan silente como en el pasado —pues lo alcanzado la hace merecedora de ser anunciada al ritmo de tambores—, se encuentra en marcha una nueva etapa en la transformación de las zonas francas: su tránsito hacia una industria productora de componentes de microchips o semiconductores.

Se trata de un giro que eleva considerablemente las exigencias. Implica, entre otras cosas, un aumento sustancial de técnicos especializados (en electrónica, mecatrónica y materiales), de ingenieros, y una reducción adicional del trabajo no calificado. Supone, además, incursionar en procesos de ultraprecisión, control de calidad extremo e integración en cadenas globales altamente demandantes, que requieren encadenamientos productivos capaces de fortalecer la conexión con la manufactura electrónica avanzada y los dispositivos médicos —sectores que ya incorporan microcomponentes.

En este punto, conviene hacer una advertencia que debe asumirse con realismo: entrar en la industria de los microchips no es simplemente “un paso más”; es un salto cualitativo de gran magnitud. No es lo mismo ensamblar equipos electrónicos que producir componentes de semiconductores.

Esta nueva dimensión industrial exige capital intensivo, infraestructura especializada, una industrialización más avanzada basada en capacidades, talento altamente calificado y políticas industriales consistentes.

Sin embargo, la base ya existe. Los datos muestran —como se evidenció en la entrega anterior— una transición real hacia un mayor valor agregado, respaldada por cambios tanto en el empleo como en la producción.

La apuesta por los microchips es coherente con esa tendencia, aunque representa una aceleración exigente del proceso. Si se ejecuta con acierto, podría impulsar a las zonas francas hacia un nuevo estadio de desarrollo.

El país cuenta con ventajas claras: una ubicación estratégica, cercanía a Estados Unidos —principal mercado de semiconductores—, ventajas en nearshoring frente a Asia y tiempos logísticos significativamente más cortos.

A esto se suma una experiencia acumulada en zonas francas: un crecimiento del 33 % en dispositivos médicos entre 2010 y 2025, y del 13.9 % en electrónicos. Estas cifras evidencian que el país cumple estándares internacionales, maneja procesos de precisión y posee una cultura exportadora consolidada.

No obstante, hay un punto crítico en el que no se puede fallar: la energía. La industria de semiconductores requiere un suministro eléctrico estable y de altísima calidad —sin interrupciones—, ya que cualquier falla impacta la producción y, de no garantizarse, podría convertirse en una debilidad estructural.

El desafío también reside en seguir fortaleciendo el capital humano técnico. El aumento de técnicos (de 10 % a 26 % entre 2006 y 2025) refleja un aprendizaje industrial acumulado y una transición en marcha hacia mayor sofisticación. Esto facilita escalar hacia el ensamblaje electrónico avanzado, aunque dentro de áreas compatibles con nuestras capacidades, pues no todos los segmentos de la industria de microchips son iguales.

La clave está en posicionarse en los eslabones adecuados, allí donde exista capacidad de respuesta. Entre las etapas más viables para el país se encuentran el ensamblaje, prueba y empaquetado (ATP), menos intensivos en capital que la fabricación de chips, y para los cuales ya se ha demostrado capacidad técnica.

Un segundo renglón viable es el de componentes electrónicos intermedios: sensores, módulos electrónicos y subensambles, que conectan de manera natural con los dispositivos médicos y electrónicos en los que el país ha mostrado fortalezas.

Un tercer ámbito lo constituye la manufactura de soporte: cables especializados, conectores y piezas de precisión.

De las huellas que dejó el polvo de aquella primera transformación de nuestras zonas francas ha brotado una industria que ya no solo ensambla, sino que piensa, diseña y crea.

Y en ese tránsito, las zonas francas han dejado atrás la repetición para abrir paso al vuelo de la imaginación, ampliando el horizonte del valor agregado y del bienestar para nuestra gente.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

tracking