Arte público arte para todos

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- Obra de la artista Elsa NÚñez, en el kilómetro 6 de El Mirador.
- Mural de Limber Vilorio. Arte que nos mueve.
- Escultura de Antonio Prats Ventós en la Plaza de la Cultura.
En distintos espacios de la ciudad. El arte público es necesario, pero debe ser arte de verdad, fuente de embellecimiento, educación y disfrute. Los murales deben atraer a los transeúntes, captar su atención, provocar que cambien su dinámica de “caminante”
Marianne de Tolentino
Arte público es la obra situada en un espacio público, exterior o dentro de una edificación, con la condición de que todos accedan a ella, libremente. Puede ser escultura, pintura, fresco, bajo-relieve, mosaico, fachada, pavimento, paisajismo, luces, en fin categorías visuales para una contemplación abierta y compartida.
Lo consideran arte ambiental cuando apela a varios estímulos sensoriales en el espectador, y el urbanismo incluye el arte como parte integral del conjunto de vías y construcciones, o lo debería integrar.
La escultura. El tema del Arte Público ha retomado una particular actualidad e importancia, ya que, desde la Presidencia de la República, se le ha prestado recientemente una atención muy especial.
También probablemente figure como tema de las actividades de animación de la Bienal Nacional de Artes Visuales.
Tanto su necesidad, como, y sobre todo, su reformulación, forman parte de la actualidad artística dominicana: su carácter esencial requiere una colaboración e intervención, colegiada, profesional y pluridisciplinaria.
La realidad es que solían colocar en plazas, espacios cerrados o abiertos, obras, de mediocres a incalificables, desestimando a los verdaderos escultores, los cuales atraviesan una situación dramática. Han llegado a remover esculturas hechas por artistas de carrera magistral y sustituirlas por artefactos y casi “chuchería”.
Se ha repetido, muchas veces, que el acceso a la escultura monumental y las oportunidades de participar en el arte público tridimensional podría hacerse por concurso.
Hoy no contamos con maestros geniales a invitar como Antonio Prats-Véntos. Cuando un organismo, una institución, una municipalidad gestan un proyecto urbano, patriótico, social o puramente ornamental, abrir un certamen para los escultores profesionales del país aumentaría las oportunidades y aseguraría una calidad, imprescindible, por diversos que sean los estilos, de neoclásico y moderno a contemporáneo.
Desde que la dictadura se ajustició y desparecieron las efigies laudatorias, no ha surgido, salvo algunas excepciones, una escultura interesante en el marco de la ciudad, de la carretera o de lugares simbólicos.
Mientras cambió el panorama urbanístico con nuevas arterias de circulación, torres privadas, edificaciones oficiales, la situación del arte público no ha mejorado, ni tenido relación con el crecimiento de la arquitectura y la plástica nacional.
En un arte “neo-patriótico”, los bustos de los héroes reducen o anulan el prestigio de sus modelos, poco reconocibles además. La estatuaria figurativa –para calificarla tradicionalmente-, muestra más que avance un retroceso. Ello explica que no tenga vigencia en la receptividad de la ciudadanía.
En cuanto a las abstracciones, llaman una atención limitada, situadas en lugares de poca circulación, así la Plaza de la Cultura, y a pesar de un nivel magistral.
En la relación entre arquitectura y escultura, cabe señalar que dos obras cimeras fueron realizadas por un arquitecto, Rafael Calventi: el Monumento a la Guerra de Restauración y al “Grito de Capotillo” –que conlleva tallas de Prats-Ventos-, y una joya policromada, minimalista y funcional, en el exterior del Banco Central.
Los murales. Si la escultura es categoría privilegiada en el Arte Público, este incluye también el muralismo, o sea la realización de murales, pintura, bajo relieve o cerámica, en áreas interiores y exteriores de edificaciones, y existe una tradición mural dominicana.
La visibilidad es capital: los murales deben atraer a los transeúntes, captar su atención, provocar que cambien su dinámica de “caminante” por la de espectador, sin que haya riesgos.
Es evidente que la nitidez y el tamaño de las superficies no dejan de plantear problemas, asimismo la oportunidad, posibilidad y libertad de pintar fachadas.
Por cierto, los murales deben evitar la “cacofonía” visual y no embadurnar los edificios – los públicos en particular!
La multiplicidad, sin control o directrices competentes, en una zona –peatonal por ejemplo- puede generar la indiferencia y el desafecto…
¡Que el mural acceda al interés general y tenga poder de atracción es fundamental! Se comprobó en las rejas del parque Independencia, donde la decadencia de las propuestas culminó en indiferencia, rechazo y supresión. Sin embargo, la reproducción de obras maestras del Louvre había congregado miles de personas, de día y de noche.
Es que los murales se dirigen al conjunto de la población y a la fruición abierta: el público en general ve la obra desde la calle, ¡o desde el teleférico aún! Así, una iniciativa reciente y ejemplar de artistas contemporáneos hasta privilegia los techos, citaremos a Limber Vilorio.
Street-art y conservación. El muralismo, forma de arte, otrora cimera en México, exaltando valores e ideales, se ha convertido en la practica del “street-art”, cobrando vigencia otra expresión cada vez menos “salvaje”… lo reciben aun galerías de arte.
Se trata de una oportunidad a desarrollar para nuestros artistas, promoviendo los componentes estéticos y conceptuales de la obra, la relación dialogante con el entorno del espacio designado, la factibilidad de su realización, la garantía de sus técnicas, el procedimiento para la conservación.
Hay un magnífico ejemplo que abarca muros residenciales, en parte de las avenidas Máximo Gómez y George Washington.
Mencionamos la conservación como elemento fundamental: una restauración parcial se hizo en las cifras de cemento, pintadas efusivamente por artistas importantes en el Mirador Sur. Ahora bien, el ejemplo mayor de descuido y luego supresión fue los silos y pinturas ópticas del maestro Cruz Díez, descendiente de Juan Pablo Duarte.
Él había mencionado que, cada dos años, debían verificar el estado de la pintura y, cada ocho, proceder a un remozamiento completo. Jamás se restauraron.
Año tras año, palidecían y se descascaraban inmisericordemente… ¡hasta que el nuevo dueño –privado- los borró, pintando todo de amarillo!
Zoom
Paseo de la escultura
Por primera vez se había contemplado incluir la escultura dentro los programas de obras públicas, y esa iniciativa esperada fue un Bulevar sobre el túnel de la avenida 27 de Febrero.
Un arte público consciente, planificado y encargado a varios grandes escultores dominicanos, a pesar de los inconvenientes de la contaminación y el tránsito.
Allí también imperó el descuido y las obras se deterioraron, ni hablar de público… Aunque, muy a destiempo, hubo un reacondicionamiento relativo, pero el Paseo nunca (re)cobró el esplendor de las intenciones.
La polución ambiental se ha vuelto muy fuerte en Santo Domingo, y debe considerarse para el arte público, la salud de las obras… y de los transeúntes.

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