Calles y avenidas de Santo Domingo, Eusebio Manzueta

Calles y avenidas de Santo Domingo, Eusebio Manzueta
POR ÁNGELA PEÑA
No puede haber en nuestro país una calle que se llame Winston Churchill, ni John F. Kennedy, y a George Washington, que ostenta el nombre de la más hermosa y amplia avenida de Santo Domingo, se le podría hacer un homenaje más discreto porque fue un héroe de América, universal, jefe de un movimiento independentista. Pero a Churchill nunca le importó donde estaba la República Dominicana, aunque sabía a qué área regional del mundo pertenecía, y John Kennedy, presidente de los Estados Unidos, fue un perverso político. Ahora ha comenzado a publicarse en ese país la realidad de lo que fueron John Kennedy y su hermano Robert. En Washington, por otro lado, no hay una avenida Juan Pablo Duarte, ni Gregorio Luperón, ni Francisco del Rosario Sánchez. Lo que pasa es que después de la muerte de Trujillo en el país no ha habido funcionarios municipales con el valor suficiente para pedir la revisión de todas esas cosas y colocar en su justo lugar a los héroes nacionales».
El doctor Euclides Gutiérrez Félix, quien hizo esas consideraciones, opina, además, que deberían desaparecer de la capital los nombres de la mayoría de los que fueron colaboradores del trujillato, abogando en cambio porque se designe una vía que rinda tributo al Generalísimo Trujillo. Para él, las denominaciones con funcionarios trujillistas «dan vergüenza, era gente perversa. Yo preferiría que se nombre una calle Rafael Leonidas Trujillo Molina, que algún día a lo mejor la habrá, aunque cuando estemos junto con Haití tal vez no, para no ofender a los haitianos cuando seamos una sola nación».
¿Y Trujillo no era perverso?- se le pregunta. «No. Era un asesino político, pero no era perverso, Trujillo no pervirtió al pueblo dominicano, esa es una mentira histórica para justificar que se robaron los bienes que Trujillo acumuló a expensas del trabajo, del sudor y de la sangre del pueblo dominicano. Trujillo no pervirtió este pueblo, no era un perverso, era un asesino político selectivo, asesino quiere decir que era un hombre que premeditaba el hecho de quitarle la vida a una persona».
No citó a los cortesanos de la dictadura honrados con calles que según él deben eliminarse, «para no herir susceptibilidades», pero aseguró que si la Academia Dominicana de la Historia, a la cual pertenece, organiza un seminario «para discutir eso, yo voy allá y digo los nombres. Yo como miembro de la Academia le pido que haga un conversatorio para analizar los nombres de las calles de la ciudad de Santo Domingo y qué nombres deben llevar, yo preparo una lista», manifestó.
Las declaraciones de Gutiérrez Félix, airadas, se produjeron en protesta por el pobre homenaje que se ha rendido a Eusebio Manzueta, un personaje estudiado y exaltado por él en la obra Héroes y próceres dominicanos y americanos, traducida a los idiomas inglés, francés, alemán y portugués e incorporada por una editora alemana al Diccionario Bibliográfico Hispanoamericano de Libros Educativos. «Eusebio Manzueta y Pedro Pimentel, como se señala en ese ejemplar, son los dos únicos patriotas dominicanos que merecieron el respeto de los españoles, lo recoge Ramón González Tablas señalándolos como hombres serios, valientes, honestos. Pero el país donde más injusticias hay en el orden histórico es la República Dominicana», declaró el historiador.
Añadió que la calle que recuerda a Eusebio Manzueta «es un homenaje injusto, humilde, como el que le han hecho a Marcos Adón» porque, a su juicio, «era un patriota que amaba a su tierra, el hábitat donde nació y se formó. Era un héroe popular importante que entregó su vida y luchó por su país y, sin embargo, está en el olvido. González Tablas y La Gándara, que no querían saber del pueblo dominicano, que no aceptaban que esos negros en soletas, con un sable y una carabina, hubiesen derrotado al ejercito español con ese orgullo y esa vanidad de los españoles, le reconocieron su valor, su honestidad, la capacidad militar, el patriotismo. Pero la cualidad principal de ese hombre de campo, pobre, era su honestidad. No fue a pelear para buscar cargos, ni oropeles ni propiedades. Era un hombre de acción que quería a su pueblo que murió pobre.
Eusebio Manzueta
Nació en Yamasá, hijo de Matías Manzueta y Antonia Encarnación. Casó en 1836 con Benita de la Rosa. Se incorporó a las guerras contra Haití desde sus inicios, alcanzando el rango de coronel, que ostentaba al momento de consumarse la anexión a España, en 1861.
Demostró su apoyo a la lucha contra los españoles desde el Cantón de Yamasá y fue el primero que se proclamó en la provincia de Santo Domingo. Al finalizar el 1864 fue designado por el Gobierno Restaurador Jefe Supremo de la región Este del país. Ocupó El Seybo «y con sus tropas invencibles, apunta Gutiérrez Félix, marchó sobre la ciudad de Santo Domingo… Derrocado el gobierno de Pedro Pimentel, refiere, Eusebio Manzueta estuvo provisionalmente al frente del Poder Ejecutivo durante varios días».
Posteriormente fue de los primeros patriotas que se enfrentaron a Buenaventura Báez en sus afanes entreguistas, alzándose en su comarca nativa, evadiendo por cinco años la persecución desatada contra él por el Gobierno. Apresado junto a su hermano Leandro y su hijo Celedonio, fueron condenados a muerte y fusilados a las cinco de la madrugada en la capital. Eusebio Manzueta contaba sesenta y tres años de edad. No hay fotos ni noticias que hablen de su fisonomía.
¿Y los restos?
En los archivos del historiador Vetilio Alfau Durán se encuentran anotaciones del periódico El Teléfono, del 16 de octubre de 1887, dando cuenta que «su hijo Ángel, que para entonces residía en Monte Cristy, vino expresamente a exhumar los restos de su padre del Cementerio y a inhumarlos en la Iglesia de Regina, en donde se le hicieron solemnes funerales». Agrega que el tres de septiembre de ese año fue autorizado por el padre Billini a enterrar en Regina los restos de su progenitor.
«Esa acción que eleva y recomienda al hijo, se efectuó. Allí reposan tranquilas las reliquias del veterano de nuestra independencia, del soldado valiente que más de una vez expuso su vida y sus intereses a favor de las libertades públicas y que terminó su jornada gloriosa en el patíbulo», expresa la publicación.
Lo que no se sabe es si aun descansan en ese templo los despojos mortales de Manzueta pues algunos de los allí enterrados fueron traslados cuando se restauró el histórico monumento.
La Calle
El 13 de noviembre de 1934, el Ayuntamiento de Santo Domingo resolvió que «la calle de Este a Oeste del ensanche Villa Consuelo, paralela a la Concepción Bona, se llamará Eusebio Manzueta, en honor del valiente prócer de la Restauración». En la actualidad empieza en el barrio San Martín de Porres y atraviesa María Auxiliadora, Mejoramiento Social y Villa Consuelo hasta morir en la Seybo.
Para honrar a Manzueta
El escritor, maestro, político, abogado y catedrático universitario considera que Manzueta, quien además de prócer de la Independencia y de la Restauración fue un mártir de la Guerra de los Seis Años, merece que se escriba sobre él una biografía más extensa, porque lo publicado por él es un perfil biográfico, que se dé su nombre a una de las comunidades de donde era oriundo «y que se cambie el nombre a esa callecita apretujada por uno de esos como el de Winston Churchill».
«Es un personaje olvidado, no he visto nunca una graduación de cadetes que se llame Eusebio Manzueta, se sacan muchísimos nombres rarísimos, han repetido veinte veces el nombre de Duarte, que fue el fundador de la República, pero el país está lleno de cosas innecesarias mientras hay otras figuras de la historia también dignas. Hay que hacer un inventario pero eso es difícil porque entre los que están al frente de esas cosas hay muchos farsantes que no te conocen los libros y sólo se han leído siete prólogos».
Enfatizó que Manzueta «era amigo íntimo de Pedro Santana y lo apoyó de primera intención en la Anexión a España, fíjate tú si había confusión, pero cuando vio que llegaron a su país aquellos hombres blancos que discriminaban y maltrataban al pueblo no vaciló en romper con Santana. Le dijo: compadre, hasta aquí lo acompañé, y se estableció con esa característica de hombre de acción, guerrillero, jugando un papel determinante en impedir el paso de las tropas españolas al Cibao».