Solidaridad
Curazao-Rep. Dom: una relación histórica
En Curazao, Juan Pablo Duarte, Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez recibieron la noticia de liberación dominicana respecto de Haití el 27 de febrero de 1844

Calle Curazao, en el ensanche Ozama.
La isla de Curazao ha sido solidaria con los dominicanos desde antes de la Independencia. No solo ofreció auxilio y albergue a perseguidos políticos. Sus hijos enfrentaron en el país a gobernantes tiranos, a invasores extranjeros. Fueron significativos sus aportes en la economía, educación, la banca, el arte, las letras, música, medicina.
La república está sembrada de descendientes de curazoleños, entre los que hay dos expresidentes: Adolfo Alejandro Nouel y Francisco Henríquez y Carvajal. Los insignes Henríquez descienden del curazoleño Noel Henríquez.
Juan Pablo Duarte y los trinitarios Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina se refugiaron en Curazao durante la ocupación haitiana. Duarte enfermó y fue atendido por bondadosa nativa. Allá recibieron la noticia de liberación del 27 de febrero de 1844.
Ulises Heureaux viajaba con frecuencia a esa Antilla donde poseía casas, y sus hijas estudiaron en el internado Welgelegen al que enviaban “jovencitas de buena familia”, consigna H. Hoetink. Lilís la recomendaba a sus cercanos. Regresaban graduadas, “a veces con esposo”.
Es tan extraordinario el apoyo de los curazoleños, que el notable historiador J. Agustín Concepción publicó un libro: “Presencia curazoleña en Santo Domingo”, que contiene, además, la estadía dominicana en aquella tierra. Disertantes han ponderado ese respaldo.
Aquellos habitantes también lucharon junto a los dominicanos contra la Anexión a España, intervenciones norteamericanas, Buenaventura Báez, Heureaux, Trujillo.
Descendientes. De curazoleños descienden el médico Heriberto Pieter, fundador del Instituto de Oncología; el sacerdote Oscar Robles Toledano, diputado que en 1960 se opuso al proyecto para instituir la pena de muerte.
Del área eclesiástica son, además, Fernando de la Rocha Cuberlgé, José Napoleón Andrickson, los monseñores Armando Lamarche y Luis Federico Henríquez Pérez, Gabriel Maduro, Pedro Pamiés, José María Bobadilla Briones, Carlos Tomas Bobadilla, Ramón Anibal Bobadilla Beras.
Glorias del parnaso son Federico Henríquez y Carvajal, Arturo Pellerano Castro (Byron), Emilio Prud-Homme, Enrique Henríquez Alfau, Emilio A. Morel, Julio de Windt Lavandier, Osvaldo Bazil, Rafael Américo Henríquez, Sócrates Barinas Coiscou, Virgilio Hoepelman, Francisca Amelia de Marchena de Leyba (Amelia Francasci), Haim H. López Penha, Tulio M. Cestero Leyba, Flérida García Henríquez y su esposo Sócrates Nolasco, Arturo Logroño...
Entre los periodistas, Concepción cita: Ángel Rafael y Juan Bautista Lamarche, Enrique de Marchena Dujarric, Abraham Ortiz Marchena, Guido y Hugo Despradel Batista, Ernesto de Marchena Gómez, José Ricardo Roques, Antonio Hoepelman, Oscar Delanoy, Virgilio y Rafael César Hoepelman, Carlos Curiel Insernia, Mario Álvarez Dugan, Moisés A. Pellerano López-Penha, Rafael Molina Morillo.
Francisco Alberto Henríquez Vásquez figura junto a 14 historiadores descendientes de curazoleños: Federico Henríquez y Carvajal, Pedro y Maximiliano Henríquez Ureña, Máximo Coiscou Henríquez, Sócrates Nolasco, Guido Despradel Batista, Damián Báez Blyden, César De Windt Lavandier, Rafael C. Senior, Carlos Sánchez y Sánchez, Adolfo A. Nouel...
Como empresarios están Ramón E. Mella Martí (Tito), Horacio Álvarez Saviñón, Luis M. Pieter, Arturo Guzmán Boom.
En servicios funerarios sobresalió Martinó; en laboratorios clínicos, los herederos del farmacéutico Alberto Schotborgh. La Curacao Trading Company fue establecida aquí en 1924, cuando el pueblo recuperó su soberanía.
En la economía destacan los Rothschild, Maduro, Jesurum, y el pionero de la banca, Eugenio Generoso de Marchena, fundador en 1889 del Banco Nacional.
Los curazoleños impulsaron el altruismo, la filantropía, protección mutua, masonería. Hubo curazoleños presidiendo el Congreso Nacional.
Algunos desterrados o asesinados por Trujillo: Felipe G. Maduro Sanabia, Luis F. Mejia, Gugú Henríquez, Ellis y Pedro Fanduiz Guzmán. Otros por su oposición a Báez, como John Weber, Augusto Guilhioux, Eugenio Generoso de Marchena Peláez. Víctimas de Heureaux: Juan Vicente Flores y Juan Antonio Rasso.
Dos rectores: Federico Henríquez y Carvajal y José R. Báez López Penha, de la Universidad de Santo Domingo, de la que egresaron centenares de curazoleños, y Leonel Rodríguez Rib, de UNAPEC. Maestros fueron: Delia Weber, Argentina, Urania y Celeste Montás Coén, Gerardo Jansen, Elena Penzo, hermanas Roques Martínez, Arístides García Mella…
En la contienda de 1965 hubo un descendiente curazoleño: su líder, Francisco Alberto Caamaño, por la rama de su madre Enerolisa Deñó Chapman.
Este breve recuento es una mínima muestra.