
Juventud sobre ruedas
La vida real bajo la capucha de los “Muchachos del Mandao”
Sin salario fijo ni protección clara, los repartidores enfrentan riesgos diarios en las calles mientras las apps de entrega expanden un negocio que ya mueve millones de órdenes en el país.
Su jornada comienza con los primeros hilos de luz que se descuelgan del amanecer. Visten sudaderas con capucha “hoodies”, diría la alta costura no como gesto de moda, sino como escudo precario contra un sol que quema sin tregua.
A lomos de sus motocicletas y cargando a la espalda cajas de reparto tan coloridas como inevitables, se lanzan a recorrer la ciudad. Las calles son su territorio y el tiempo, su enemigo. Todo obedece a un único propósito: cumplir, llegar antes y satisfacer al cliente bajo los implacables mandatos de la rapidez, la eficiencia y la calidad que exige esta forma moderna de servicio.
Hablamos de los deliveries o, como se les llama en buen dominicano, los muchachos del mandao: una figura ya inseparable del ritmo urbano. Son ellos quienes, bajo el sol inclemente o la lluvia repentina, sostienen la cadena invisible del consumo moderno. Para ejercer este oficio deben cumplir con una serie de requisitos que las propias empresas detallan en sus plataformas digitales. El primero y quizá el más revelador de la época es contar con una motocicleta y un celular con acceso a internet, herramientas básicas de un trabajo que se mueve entre el asfalto y la pantalla, pero no todos cuentan con ello.
Esta estructura convierte a los repartidores en su mayoría jóvenes de entre 18 y 30 años en trabajadores expuestos a ingresos variables y volátiles, con márgenes cada vez más estrechos entre lo que cobran por pedido y el costo de sostener la actividad. A diferencia de los empleos tradicionales, el reparto a través de plataformas digitales carece de tablas salariales, escalas o referencias unificadas de ingresos. Cada repartidor organiza su jornada en función de los pedidos que logra completar y de la disponibilidad que le asignan las plataformas.

Trabajo en la era de las plataformas
Uno de esos casos es el de Josué Valdez. Tiene 20 años y ya carga con la responsabilidad de ser padre. En entrevista con esta reportera, relató que debe realizar hasta 200 viajes al día para alcanzar los cinco mil pesos necesarios para cubrir lo básico. Aun así, el dinero nunca es suficiente: no alcanza para sobrevivir. Sin embargo, lejos de rendirse o tomar atajos, Josué elige el camino del trabajo digno, convencido de que es la única forma de sostener a los suyos y mirar de frente a su hijo.
Michael de la Rosa, quien paralelamente cursa ingeniería civil a sus 25, habla con la lentitud de quien no siente prisa porque el mundo lo apure. “Tengo ocho meses trabajando para Pedidos Ya confiesa. Me siento honrado de poder llevar el sustento a mi familia, porque cada día me gano entre dos y tres mil pesos”. Sus palabras caen con la cadencia tranquila de quien ha aprendido a medir cada paso, a valorar lo pequeño y constante, y a encontrar dignidad en la rutina que sostiene su hogar.
Mientras, Luis Rosario de 19 lleva apenas tres semanas trabajando como repartidor, su rutina ya tiene un ritmo definido: comienza su jornada a las nueve de la mañana y la concluye a las cinco de la tarde.
Cuenta que, cada día, logra ganar alrededor de mil ochocientos pesos. “Antes trabajaba en el sector privado, pero ahora me dedico a esto, y con lo que obtengo puedo mantener a mi esposa y a mi hijo”, asegura con una mezcla de orgullo y responsabilidad.
Además del ingreso diario, debe recargar su celular con “paqueticos”, un gasto que la compañía no cubre. Pero lo más desconcertante de su trabajo es la calle. Comprende que, por el simple hecho de moverse en un motorizado, los demás conductores parecen creer que él no tiene derecho a nada.
El perfil de “los muchachos del mandao”
En la ciudad, entre el ir y venir de motos y bicicletas que se entrecruzan con el tráfico y el humo, se encuentra un grupo heterogéneo de jóvenes que, desde la pandemia, han transformado la entrega de comida y objetos en su forma de ganarse la vida. Son los “deliveries”, los muchachos del mandao, que en cada paquete transportan no solo pedidos, sino también historias de esperanza, sacrificio y, muchas veces, frustración.
Desde los barrios marginados, donde la pobreza aprieta y las oportunidades escasean, estos jóvenes encuentran en el servicio de entregas una salida inmediata. Sin embargo, no son solo los citadinos quienes se suben a la moto o la bicicleta: también llegan desde los campos y comunidades rurales, migrantes que sueñan con una vida mejor en ciudades como Santo Domingo o Santiago. Muchos lo hacen con la idea de estudiar y progresar, pero la realidad del horario extendido de la mañana hasta la madrugada º les impide combinar el trabajo con otras aspiraciones.
Tahira Vargas, antropóloga social, describe a estos jóvenes como un reflejo de la diversidad social y geográfica del país: son chicos que provienen de distintos estratos, cada uno con historias y motivos distintos, pero todos unidos por la necesidad y la urgencia de generar ingresos. Para algunos, el trabajo en deliveries es un recurso temporal; para otros, se convierte en una rutina interminable que frustra sueños y retrasa metas. Entre el ruido urbano, las luces de neón y el pitido constante de las motos, los muchachos del mandao persisten, navegando la ciudad, llevando más que pedidos: llevan consigo el peso de las oportunidades que no llegaron y la esperanza de las que aún pueden llegar.

Tahira Vargas García
Dentro de esa población dice Tahira también se encuentran emigrantes haitianos, venezolanos y colombianos, entre otros, que se han sumergido en este tipo de empleo simplemente para sobrevivir. “Sabemos que el emigrante carga con un peso enorme sobre sus hombros. Este trabajo no les exige documentos, y su condición de irregularidad hace que se convierta en una opción accesible. Tampoco se les exige nada más”, explica.
Para Tahira, si se tratara de dominicanos, la situación no sería mucho mejor. “No hay condiciones salariales justas que acompañen este trabajo, y tampoco existe la seguridad que brinda la salud, la seguridad social o los derechos laborales que corresponde a todo residente en el país. Todas estas carencias hacen que este empleo se perciba como algo temporal, como un refugio momentáneo más que como una oportunidad real”.
Los muchachos malos de la calle
Otro rostro del servicio de delivery se revela en las calles: los repartidores y su forma temeraria de conducir. “El problema es que creen que caben por cualquier lado y se mueven de manera arriesgada, casi suicida, poniendo en peligro no solo sus vidas, sino las de todos los que los rodean”, comenta alguien con preocupación.
En un país donde los accidentes de tránsito figuran entre las principales causas de muerte, quienes se desplazan en motocicleta corren el mayor riesgo. En un choque, suelen ser ellos quienes sufren las consecuencias más graves.
Pero no son sólo los motoristas; este comportamiento imprudente se extiende incluso a quienes conducen automóviles. Es un reflejo de un patrón generalizado, un estilo de vida que desafía los límites y las normas en cada esquina de la ciudad.
La otra cara de la moneda
Los deliveries o “muchachos del mandao” laboran bajo un esquema de mucha presión que comienza cuando salen de la compañía con los pedidos, los cuales debe entregar en un tiempo limitado.

El PedidosYa Market es un supermercado digital para entregas rápidas a través de la aplicación ubicado en la Romúlo Bentancourt
Es importante resaltar que tanto el cliente como la compañía entienden que como se mueven en motor se espera que lleguen más rápido, eso significa que se está sometiendo a presión y riesgo a esa persona.
En sectores con alta densidad como el Distrito Nacional (Piantini, Naco, Bella Vista) generan más pedidos en distancias cortas en comparación con Santo Domingo Este o Norte, mientras el congestionamiento vehicular en horas pico en la capital es el principal limitante, pudiendo reducir la capacidad de entrega a solo 1 o 2 pedidos por hora.
A esto se agrega los ingresos, se estima que, para cubrir la canasta básica familiar, un repartidor independiente en la región necesita completar un promedio mensual que equivale a unos 15 viajes diarios sin descanso
Un oficio con derechos y deberes desconocidos
Desde la óptica del derecho laboral el fenómeno delivery se trata de un contrato de transporte de alimentos en un período de tiempo determinado. Se debe diferenciar entre el delivery por plataforma virtual, que es la persona que hace la tarea de mensajería de un negocio al domicilio del solicitante, sin ninguna relación laboral con el negocio que prepara la comida, y aquellos que se dedican al transporte de comida directamente del negocio al domicilio del cliente. En el primer caso, la relación laboral existe entre la sociedad comercial que opera el negocio de transporte (Uber eats, Pedidos Ya, etc.) y en el segundo caso la relación de trabajo se verifica entre el delivery y el negocio.
En este vasto universo que compone el servicio de delivery es importante destacar que los repartidores de los colmados, a los cuales hay que dedicarles un acápite especial porque están en peores condiciones que los que pertenecen a una plataforma, muchas veces vienen de los campos y duermen en el piso, sobre cartones o en una cama sin condiciones, es como si fuera un tipo de esclavitud o como si se tratara de trabajo forzado.
Derechos y deberes:
Para poner en contexto el tema de los deliveries en materia de cuáles son sus derechos y deberes, conversamos con el abogado Alberto Fiallo, quien tiene una especialidad en Derecho Empresarial.

Alberto Fiallo,
—¿Este oficio entra en la categoría de “empleos informales”?
No, las empresas que contratan personas para transporte de alimentos están en la obligación de inscribir a sus choferes en el Sistema Dominicano de Seguridad Social.
—¿El país tiene alguna regulación laboral que auxilie a los que realizan el servicio delivery?
Aplican las disposiciones del código de trabajo.
—Como empleados informales, ¿Cuáles serían sus derechos y deberes?
Tienen los mismos derechos que cualquier otro trabajador.
—El tema del pago, ¿tiene el país alguna norma?
No, aplican las normas relativas al salario que sean aplicables al tamaño de la empresa.
—¿Las propinas se consideran una extensión del pago?
No, se trata de pagos extraordinarios no considerados salarios para fines de cálculo de las prestaciones laborales y derechos adquiridos.
Es importante señalar que esta respuesta se refiere a las propinas disponibles en las plataformas o que les den los clientes a los deliveries directos del negocio cuando reciben la comida. No existe obligación de pago del 10% de propina incluida en el Código de Trabajo, es opcional.
—¿Existe algún sindicato que regule o asesore a los deliveries?
Hasta el momento no, pero los deliveries podrían sindicalizarse.
—Como experto en derecho laboral, ¿Cuáles serían tus recomendaciones?
El Ministerio de Trabajo debe intervenir emitiendo una resolución que ofrezca claridad en cuanto a las obligaciones de ambas partes, a la hora de que las plataformas o los negocios contraten deliveries.
Apps delivery un negocio sin límites
En el caso de Uber Eats, que opera en República Dominicana desde 2018, se han realizado más de 8 millones de órdenes. Actualmente, la app cuenta con más de 900 opciones de socios restaurantes y comercios a disponibilidad de los usuarios. Carolina Coto, Gerente Senior de Comunicaciones de Uber para Centroamérica, explicó que Uber Eats ha sido pionero en acelerar la transformación digital de las PYMES, la cual representan más del 50% de los comercios en la plataforma. Afirmó que los artículos más solicitados en supermercados y tiendas de conveniencia son el guineo maduro, limón, huevos, carne y pan. Mientras que los postres preferidos por los dominicanos que se despachan a través de esta plataforma están los bizcochos, churros y helados. Es importante resaltar que Santo Domingo es la ciudad en la que los usuarios han realizado la mayor cantidad de órdenes de restaurantes de comida saludable
Los datos hablan por sí solos

PedidosYa cuenta con una sólida base de usuarios en República Dominicana, superando los 500,000 usuarios activos a nivel nacional según datos reportados hacia 2021. Con una participación del 70% en el mercado local, la gran mayoría de sus operaciones se concentra en Santo Domingo y el Distrito Nacional, siendo las zonas con mayor volumen de pedidos. .
La App de Uber Eats como la App de Uber se han convertido en una herramienta que contribuye al crecimiento de la economía local, no sólo para incentivar el consumo de los dominicanos, sino también el de extranjeros que visitan el país. “En este tiempo, 119,000 turistas realizaron más de 900 mil órdenes a través de la app de Uber Eats”.
Estas tendencias demuestran cómo esta app se ha posicionado en el día a día de los usuarios dominicanos y es que en 2021 vs 2020 se vio un incremento en pedidos de más del 40%. La logística de mercadeo y de estrategia comercial en estas plataformas se incrementa cada día de manera acelerada. “En el mes de octubre lanzamos «Uber One», una membresía con la que los usuarios pueden disfrutar de beneficios.