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¿Qué esperas, RD?

A lomo de su paradoja económica, RD tiene una agenda pendiente

Demasiado dominicanos, por cuya piel resbalan “sin novedad en el frente” y con muy poco impacto en sus billeteras, las cifras que indican que su país es uno de los de mayor expansión del Producto Bruto Interno.

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Nelson Marrero
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Demasiado dominicanos, por cuya piel resbalan “sin novedad en el frente” y con muy poco impacto en sus billeteras, las cifras que indican que su país es uno de los de mayor expansión del Producto Bruto Interno, PBI, en América Latina en décadas mientras otras estadísticas de las que describen realidades mondas y lirondas (como decía J. Bosch) exteriorizan la anchura de una brecha que da como socialmente fallida la distribución de los resultados de ese crecimiento deficitario en desarrollo humano.

A partir del manejo conceptual de lo que significa “crecimiento económico” en el lenguaje de los entes multilaterales que tutelan o asesoran a muchos países de mundo, la tal expansión productiva “es solo un medio y no el fin último”. (PNUD). Y lo afirma subrayando con cierto tono catastrofista que: “en el país persisten desigualdades estructurales que limitan que gran parte de la población disfrute plenamente de los avances económicos”.

En función de los parámetros utilizados de ordinario para catalogar la pobreza que prima en países que antes eran etiquetados como “tercermundistas” (término desechado por despectivo) República Dominicana viaja como parte de América Latina “a lomo” de una de las regiones más desiguales del mundo con la riqueza concentrada en pocas manos y en la que gran parte de la población sobrevive con salarios mínimos o en la informalidad. No todos los ciudadanos del país reciben homogéneamente -como ocurre en Estados de manifiesto bienestar mayoritario- la misma calidad de servicios de salud y educación aquí menoscabada por un sindicalismo desaforado y una baja eficiencia en el gasto público. En ese ex “tercer mundo” que de todos modos "E pur si muove" y para el que República Dominicana parece calificar, se caracteriza por una informalidad laboral con muchas personas al margen de protecciones sociales y las mujeres suelen tener los más bajos indicadores de pobreza además de que por aquí las matan con frecuencia. “La diferencia entre las capitales modernas y las zonas rurales o periféricas es abismal. En el campo, el acceso a agua potable, internet o justicia es drásticamente inferior”. (Cita de un curioso diagnóstico multilateral para AL).

MENÚS PARA RD

Ni corta ni perezosa, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) ve a la República Dominicana en la necesidad de acogerse a sus recomendaciones para impulsar su modelo económico hacia “un desarrollo más inclusivo, tecnológico y resiliente”. Se deduce de sus palabras que el país está urgido de revitalizar el esquema de desarrollo mediante el fortalecimiento de la capacidad de innovación y diversificación del comercio. Y recomienda dirigir hacia la sostenibilidad el hecho de haberse consolidado como un destino clave para inversiones en energía limpia.

La Unctad reconoce que República Dominicana, nada más y nada menos, lidera en la región del Caribe la captación de Inversión Extranjera Directa (IED) con US$4,500 millones en el 2024, un flujo que a su entender ha debido estar en armonía con una estrategia nacional e industrial para generar mayores vínculos económicos con las regiones del país. En sus sugerencias aparece además la de “emprender la digitalización de procedimientos administrativos para facilitar la apertura de negocios y fortalecer la gobernanza a través de herramientas como la Ventanilla Única de Inversión”. En ocasiones –agregamos- las lentitudes de la burocracia criolla generan críticas.

Las recomendaciones que –por otra lado- formula el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) van en el orden de golpear implícitamente a la ADP, con reclamos de hacer eficiente la educación y “condicionar los aumentos salariales de los docentes a evaluaciones de desempeño y sustituir la entrega física de útiles escolares por transferencias en efectivo para mejorar la logística”.

Se le reclama al Gobierno transformar el crecimiento económico en bienestar social real bajo la premisa de que “invertir en las personas es invertir en la productividad futura”.

EN QUÉ SE FALLA

En resumidas cuentas en República Dominicana persistiría la ambigüedad de una economía que se agranda sin redistribución de beneficios hacia componentes sociales críticos porque, entre otros resultados de mediciones, “los salarios reales no han crecido al mismo ritmo que la productividad laboral” y está negada a desaparecer la inequidad de que el fisco se nutre de impuestos que gravitan más sobre los pobres que sobre los ingresos altos de los contribuyentes que sigilosamente siempre se le escapan.

Además, una gran parte de quienes regresan cada día a sus casas con insuficiente dinero para cubrir el costo de la vida se la han estado bandeando en el discurrir del vasto y marginal sector informal, estancado en su magnitud de alredor de un 50% del todo económico. La precariedad existencial que ha tenido retados a los gobiernos de los últimos lustros a esforzarse por absorber a actividades comprendidas en el marco regulatorio del Estado. A disposición de quienes gobiernan existe la receta propuesta por la Organización Internacional del Trabajo, OIT.

La entidad multilateral exhorta a sus países miembros como República Dominicana reducir la informalidad mediante políticas integradas, diálogo social y creación de empleos decentes con decisiones alejadas de complacencias partidarias y clientelares y rectamente dirigidas a sustituir la mecánica de subsidios indiscriminados y de efímero impacto social que incitan a querer vivir sin trabajar.

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