Serie del PNUD: Rutas del Desarrollo

República Dominicana está clasificado con un Índice de Desarrollo Humano Alto.
La República Dominicana ha aumentado su Índice de Desarrollo Humano (IDH) en un 32 % desde 1990, alcanzando un nivel alto (0.776, puesto 89 de 193 países). Sin embargo, persisten desigualdades que limitan el disfrute equitativo del desarrollo para todas las personas. Aunque el país ha reducido la desigualdad más rápido que el promedio regional —con pérdidas menores de IDH por inequidad (18.3 % vs. 20.9 %) y una baja sostenida en el índice de Gini— aún enfrenta brechas significativas, especialmente a nivel territorial.
Si bien a nivel país, República Dominicana está clasificado con un Índice de Desarrollo Humano Alto cuando se compara con otros países del mundo, a nivel territorial y entre regiones, el ejercicio muestra resultados mixtos. A saber, el desarrollo humano alto se concentra exclusivamente en la región Ozama (Distrito Nacional y Santo Domingo), mientras que otras regiones presentan niveles medio alto, medio bajo o bajo. Siendo las más rezagadas las provincias fronterizas, y paradójicamente, también Yuma (El Seibo, La Altagracia, La Romana), una de las regiones más turísticas del país, especialmente donde se encuentra el polo turístico de Punta Cana.
Esta evolución sugiere avances en la equidad del ingreso, pero también la necesidad de consolidar y territorializar estos logros, asegurando mejoras en otros aspectos del bienestar como la salud y la educación. El pronóstico lineal sugiere que la República Dominicana alcanzaría la igualdad en términos del IDH ajustado por desigualdad en aproximadamente 40 años, si mantiene el ritmo. Este pronóstico de por sí, ya avista un progreso lento para la reducción de la desigualdad, y no toma en cuenta posibles choques —como crisis económicas globales o desastres naturales, que podrían ralentizar significativamente el progreso.
Por esto, mantener la atención en acelerar la reducción de la desigualdad es una condición indispensable para lograr un desarrollo verdaderamente sostenible, inclusivo y resiliente. El dinamismo económico avanza a un paso más rápido que la reducción de la desigualdad, lo que revela que el crecimiento económico no conlleva automáticamente una disminución de las disparidades sociales.
Esto resalta la urgencia de continuar implementando políticas públicas que fomenten la colaboración entre todos los sectores, que aseguren inversiones alineadas a las prioridades nacionales en todo el territorio nacional, todo ello con el fin de asegurar que los beneficios del crecimiento se distribuyan de manera más equitativa y consciente y con un foco en las personas.
Una agenda para acelerar
Para lograr avances sustantivos en menor tiempo, el país debe continuar redoblando sus esfuerzos en torno a medidas que aborden simultáneamente la redistribución del ingreso y el acceso equitativo a los servicios de educación y salud como primer peldaño para ejercer otros derechos.
Por ejemplo:
- Aprovechar el impulso de la estrategia Meta 2036, fomentando una visión de sostenibilidad e inclusión, más allá de la cifra del PIB, traduciendo el crecimiento económico proyectado en bienestar para todas las personas y en todos los territorios, alineados a las prioridades de desarrollo nacionales.
- Seguir fortaleciendo la planificación territorial, enfocándose en reducir las barreras territoriales de acceso a servicios sociales, a trabajo decente (1) y protegido y a fuentes de ingresos sostenibles: de las 10 regiones de planificación, solo la zona Metropolitana tiene la categoría de desarrollo humano alto, 3 regiones en medio alto, 2 regiones en medio alto y 4 regiones en desarrollo humano bajo.
- Específicamente, en cuanto a las tres dimensiones del desarrollo humano a nivel territorial, se requiere impulsar mayor inversión en salud preventiva y acceso universal, especialmente en comunidades rurales y en poblaciones históricamente excluidas; profundizar el refuerzo de la calidad educativa con foco territorial y de género, atendiendo a las disparidades en aprendizaje, permanencia escolar y oportunidades para jóvenes e incorporando nuevas tecnologías en la educación y en emprendimientos; y promover políticas fiscales progresivas, y una protección social universal y adaptativa, que redistribuya los ingresos y reduzca las vulnerabilidades.
- Continuar atendiendo las brechas invisibles de género —como la brecha salarial o la distribución inequitativa del cuidado— pues una visión sensible al género contribuye directamente a potenciar las opciones de desarrollo humano a nivel global, especialmente en la inserción productiva, el empoderamiento, la participación política, y la salud reproductiva.
- Redoblar los esfuerzos de innovación y digitalización, con incentivos para el acceso a nuevas tecnologías y herramientas del mundo digital, para aprovechar las oportunidades de inserción económica de los adolescentes, jóvenes y poblaciones vulnerabilizadas, evitando reproducir inequidades a futuro.
- Diseñar soluciones adaptativas para la resiliencia de la población pobre y en vulnerabilidad socioeconómica frente a eventos climáticos extremos y no extremos. La desigualdad no solo desacelera el progreso, también lo fragmenta. Un crecimiento económico inclusivo y sostenible permitiría a la República Dominicana avanzar de forma más rápida y equitativa. Los medios están al alcance, sigamos trabajando para crecer sin dejar a nadie atrás.

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