Religión
Adviento invita a reflexionar en el humanismo cristiano

Retrato
En el seno de la familia dominicana existe un deseo mayoritario, para no decir absoluto, de que las acciones, tanto en el sector público como privado, se desarrollen dentro de las más estrictas normas de la ética, la moral y las buenas costumbres. Razón por la cual en ocasiones se escuchan voces que hacen críticas muy fuertes. Algunas de ellas utilizando lenguajes fuera de tono o de forma no necesariamente las más adecuadas. Sin embargo pienso que esas voces, en vez de convertirse en un peligro para la sociedad, en cierto modo representan muros de contención para los que no tienen límites en el accionar.
La ocurrencia de hechos que sobrepasan los límites de la prudencia, perturban y preocupan. Se convierten en enemigos sociales y amenazan con penetrar las conductas de nuestra niñez y juventud. Por eso, cuando ocurren situaciones que conmueven la conciencia nacional, las voces de diferentes sectores que repercuten a través de los medios, pueden y deben convertirse en aliadas del buen vivir. Que serían mucho más efectivas si morigeraran expresiones innecesarias.
Son preocupantes los rasgos de descomposición moral en algunos sectores. Peor cuando esas acciones salpican capas que se supone deberían tener más conciencia sobre lo bueno y lo malo. Sobre todo, cuando se trata de sectores con poder. Y ocurre, porque lamentablemente se le ha puesto mayor interés y más valor a cosas materiales, que aquellas que tienen que ver con las personas, lo espiritual y lo moral.
De acuerdo al pensamiento humanista cristiano, “la autoridad del Estado o de los organismos de poder tienen su fuente inmediata y su justificación en el bien común. Y el poder ejercido por el Estado y el derecho de fuerza se justifican en relación al bien común y por la necesidad de imponer a las voluntades más perversas, las disciplinas y los sacrificios necesarios al bien común”
Según estos pensadores “las funciones del Estado se relacionan con su finalidad general y el bien de la colectividad. El Estado, por tanto, tiene el deber de hacer todo lo que reclama el bien común, prohibir todo lo que prohíbe el bien común y ordenar todo lo que exige el bien común en la exacta medida en que el bien común lo indica y, naturalmente, dentro de los límites de las posibilidades y de las oportunidades, puesto que el bien común de un pueblo es algo concreto e histórico”
Aunque para algunos pueda resultar un tanto arcaico, vale la pena retomar esos pensamientos que se fundamentan en la dignidad de la persona humana. Hacer hincapié en que es preferible sacrificar determinadas cosas para dedicarle más tiempo a lo que tiene que ver con la justicia y la paz. Con las actividades relacionadas con la cultura, la educación y moralización de la sociedad, que en definitiva se convertirán en las bases que soportarán el crecimiento en los diferentes sectores y el desarrollo sostenido.
Esta es una tarea de todos los que tienen vocación de vivir en paz y tranquilidad, pero especialmente de los sectores de poder político y económico. Procurar un país con adelantos, pero eliminando todo lo que representa la negación a nuestros principios cristianos y a las normas de las buenas costumbres.