Guardianes de la verdad Opinión

Que más hemos perdido 

Ante el asesinato de un joven chofer en Santiago

Lo que podemos esperar es miedo normalizado, justicia debilitada y una sociedad que empieza a encerrarse en sí misma, desconfiando del otro, viviendo a la defensiva

David Carlos Abreu Quezada, antes de morir por herida de arma blanca en Santiago.

David Carlos Abreu Quezada, antes de morir por herida de arma blanca en Santiago.

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POR FRANCISCO MANUEL ORTEGA

Esto no es solo un crimen… es un espejo incómodo de lo que estamos dejando crecer como sociedad. Cuando un chofer pierde la vida a manos de una banda de motoristas en Santiago de los Caballeros, no hablamos únicamente de delincuencia: hablamos de una ruptura profunda del orden, del respeto por la vida y de los límites que sostienen la convivencia. Es el síntoma de una violencia que se normaliza, de una juventud que en algunos casos se desvía sin rumbo, y de una sociedad que muchas veces reacciona más con resignación que con firmeza.

¿Hacia dónde nos dirigimos?

Nos dirigimos exactamente hacia donde permitimos. Cuando el miedo sustituye la ley, cuando el silencio sustituye la denuncia, y cuando la indiferencia le gana a la responsabilidad colectiva… el terreno queda libre para que el caos avance.

FRANCISCO MANUEL ORTEGA

FRANCISCO MANUEL ORTEGA

Pero también hay otra dirección posible.

La de una sociedad que no se acostumbra. Que exige justicia, que educa con valores, que corrige a tiempo, que entiende que la seguridad no es solo tarea del Estado, sino una construcción diaria entre todos. Cuando la vida pierde valor en la calle…

lo que sigue no es progreso, es retroceso.

Lo que podemos esperar es miedo normalizado, justicia debilitada y una sociedad que empieza a encerrarse en sí misma, desconfiando del otro, viviendo a la defensiva. Donde antes había respeto, aparece la ley del más fuerte; donde había convivencia, surge la tensión constante.

Pero lo más peligroso no es la violencia en sí…

es acostumbrarse a ella.

El día que un hecho como ese deja de indignar, ese día la sociedad empieza a rendirse sin darse cuenta. Si la vida deja de tener valor en la calle… lo pierde también en la conciencia de quien la ve y no reacciona. Ya no estamos hablando solo de delincuencia, sino de un deterioro profundo del alma social.

No es solo el dolor de una familia…es la alerta de un país a una sociedad en crisis. Perdimos un ser humano………. que más hemos perdido...?

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