¿Les digo algo?
Carlos Batista Matos, gran periodista de excentricidades indescifrables.
Cuando alguien a quien amamos pasa a la otra dimensión de la vida, no muere: sigue vivo en la memoria de familiares, parientes y amigos, porque vida y muerte existen como realidades que nos enseñan la finitud de todo lo creado

Carlos Batista
Se fue Carlos Batista Matos, gran periodista de excentricidades indescifrables.
Cuando alguien a quien amamos pasa a la otra dimensión de la vida, no muere: sigue vivo en la memoria de familiares, parientes y amigos, porque vida y muerte existen como realidades que nos enseñan la finitud de todo lo creado. Esa fue la reflexión en estos días en que dijimos hasta luego a dos amigos, de 45 años de amistad y labores en escenarios de la vida nacional: política, salud, Congreso, cultura, arte, espectáculo, medioambiente y deporte, difundiendo hechos que la población debía conocer. Hablo de una amistad forjada en la cotidianidad de redactores y reporteros de radio, televisión, prensa y producción de programas, donde coincidimos con Carlos. Carlos tenía temple. Aunque el maligno se lo estuviera llevando, no lo decía. Al contrario: cuando peor estaba, emocionalmente o de bolsillo, se mostraba como el hombre más feliz y despreocupado. Así se fue, encerrado en el agotamiento de sus dificultades de salud, visibles en su entrega a Los Famosos. El hijo de Vicente Noble era una persona especial: sincera, afable, sin prejuicios ni complejos, solidaria y comprometida políticamente con el país. Así lo demostró en las funciones públicas que desempeñó, ejercidas con ética y responsabilidad. Formado bajo el influjo de las luchas revolucionarias durante los 12 años del régimen balaguerista, emigró a la capital junto al periodista y escritor José Labour.
Poseía una redacción impecable. Descolló en la radio, el diarismo, la televisión y como expositor. En 1999 fuimos invitados