¿Les digo algo?
Jesucristo no es culpable
Jesús caminó por la tierra hace poco más de dos mil años. Desde su nacimiento en Belén, en tiempos del autoritario Herodes, se intentó manipular la espiritualidad con fines políticos. A Jesús no se le puede culpar por la guerra en Medio Oriente.

Jesucristo
Jesús caminó por la tierra hace poco más de dos mil años. Desde su nacimiento en Belén, en tiempos del autoritario Herodes, se intentó manipular la espiritualidad con fines políticos. A Jesús no se le puede culpar por la guerra en Medio Oriente. Tampoco a Mahoma. Ninguno predicó el despojo, la ocupación, la venganza infinita ni el exterminio de pueblos enteros. Sin embargo, desde hace décadas se insiste en presentar ese drama como una disputa esencialmente religiosa, como si la sangre derramada brotara solo de la fe y no de intereses muy concretos de poder. La verdad es otra. Cuando el petróleo convirtió a esa región en una de las mayores reservas de riqueza estratégica del planeta, los grandes imperialismos occidentales entendieron que podían servirse de las fracturas internas, de las rivalidades sectarias y de las diferencias religiosas para intervenir, dominar y reorganizar territorios a conveniencia. Así, muchas guerras fueron maquilladas como enfrentamientos espirituales, cuando en el fondo respondían al control de recursos, rutas, mercados, armas e influencia geopolítica. Ese disfraz ha sido útil y perverso. Se invoca a Dios mientras se bombardean ciudades. Se citan profecías mientras se negocian territorios. Se habla de civilización y seguridad mientras se multiplican el negocio bélico, el saqueo y la ocupación.
Después, para colmo, se pretende responsabilizar a Jesús, el Cristo, o a Mahoma de una tragedia que no nació en sus enseñanzas, sino en la codicia de los poderosos. Belén no debería seguir siendo noticia por la guerra, sino por su valor espiritual y humano. Pero mientras la religión siga usándose como máscara de la ambición, los pueblos seguirán poniendo los muertos y los imperios seguirán administrando el botín.