Bandas
Luz al final del túnel con Haití en la mira
Las bandas del fratricidio haitiano no son para toda la vida y sí lo es la territorialidad de vinculación perpetua entre los países que comparten la isla Hispaniola y obliga a ver más allá en el tiempo.

Editorial
Las bandas del fratricidio haitiano no son para toda la vida y sí lo es la territorialidad de vinculación perpetua entre los países que comparten la isla Hispaniola y obliga a ver más allá en el tiempo. Va por ello en la dirección correcta la reapertura en común acuerdo del espacio aéreo sobre esta insularidad inevitable y facilitadora de algunas correlaciones positivas además de las lamentables contras las que siempre procede esforzarse incluyendo lo de ser innegociable el imperio de la ley dominicana en materia migratoria a lo largo de la frontera; esa que no cesa de mostrarse perforada por lo ilícito.
Desde acá, y con la debida prudencia y concurso a distancia, la República Dominicana apoya las demoradas e insuficientes acciones pacificadoras dispuestas por la Organización de las Naciones Unidas, ONU… y en lo que el hacha va y viene -y para conveniencias comunes que han seguido siendo posibles- las exportaciones hacia el territorio adyacente experimentaron un crecimiento importante en el 2025 computadas por la Dirección General de Aduanas en más de mil millones de dólares; fuera de las que en el marco de la informalidad del “lleva y trae” hace llegar numerosos productos locales a la población haitiana través de limítrofes mercados a campo traviesa.
Además, el emprendurismo zonafranquista nacional patrocina con éxito, conectando Dajabón con su vecindad haitiana, actividades manufactureras con importante uso de mano de obra y vigencia permanente y segura de empleos y de beneficios compartidos por ambos países; con dominicanos en calidad de inversionistas que obtienen las plusvalías que les regresan. Una conjunción del capital y el trabajo que debería replicarse con más proyectos a lo largo de la franja que une y separa a la vez. A través de las relaciones consulares -puestas en pausa como procedía por un sospechoso comercio de visas al mejor postor- estuvo debidamente registrada la presencia en Haití de otras pequeñas y medianas empresas dominicanas a pesar de la inestabilidad social y política que tampoco ha impedido que un número de ciudadanos procedentes de este país, y digno de ser tomado en cuenta, permanece allá vivito y coleando.