Inversiones
Chancay: nuevo foco de la rivalidad entre China y EE.UU. en la región
Estados Unidos quiere evitar que China controle rutas, infraestructuras y recursos naturales estratégicos en el continente.

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Tras la presión ejercida por Estados Unidos sobre Panamá para que rescinda el contrato con la empresa hongkonesa Hutchison Holdings, encargada de administrar los puertos de Balboa y Cristóbal desde 1997, la Corte Suprema de Justicia del país declaró, el pasado mes de enero, inconstitucional dicho acuerdo de inversión, argumentando que “es lesivo al interés público” y que, además, vulnera la Constitución.
En contraste, a inicios de este mes, en Perú, el Primer Juzgado Especializado en lo Constitucional de Lima dictaminó que el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán) no podrá ejercer funciones de supervisión sobre las operaciones de la empresa estatal china Cosco Shipping Corporation en el puerto de Chancay.
El puerto de Chancay fue construido por el gigante asiático en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, con una inversión inicial cercana a los 1,300 millones de dólares, bajo un consorcio integrado por Cosco Shipping, que controla el 60% de las acciones, y la empresa peruana Volcán, que posee el 40%. La obra fue inaugurada en noviembre de 2024 por el presidente chino Xi Jinping y su homóloga peruana, la expresidenta Dina Boluarte.
Cabe destacar que, en 2021, la Autoridad Portuaria Nacional (ANP) emitió una resolución otorgando a Cosco Shipping la exclusividad en operaciones esenciales como son: gestión de carga y descarga, almacenamiento temporal, remolque, uso de muelles o gestión de naves. Posteriormente, en 2024, la propia ANP intentó anular dicha resolución por considerar que contenía un “error administrativo”.
Ese mismo año, el Congreso peruano modificó la Ley Nº 27943, incorporando el concepto de “uso exclusivo” para la infraestructura portuaria privada de uso público. De manera que, esta reforma permitió que Cosco Shipping asumiera la gestión de los “servicios portuarios esenciales” en Chancay.
Cabe destacar que este puerto forma parte de un proyecto geoeconómico más amplio impulsado por China en América del Sur, conocido como el Corredor Bioceánico Central, cuyo propósito es conectar, mediante una red ferroviaria, el puerto de Chancay con el puerto de Santos, en Brasil. De igual manera, esta iniciativa busca consolidar a Chancay como un hub logístico entre Asia y América del Sur.
Además, conviene señalar que el Corredor Bioceánico Central aspira a convertirse en una alternativa al canal de Panamá, al abrir nuevas rutas que faciliten el comercio del gigante asiático con una región abundante en recursos naturales y materias primas. Entre ellos sobresalen el litio, el hierro, el cobre y el petróleo, junto con productos agrícolas como la soja y el maíz, esenciales para satisfacer a la creciente demanda de China.
Por ello, la decisión en primera instancia de un tribunal en Lima, que ordena a Ositrán abstenerse de ejercer sus facultades regulatorias sobre las empresas que operan en el puerto de Chancay, ha generado una fuerte reacción en Estados Unidos, cuyo objetivo central en materia de política exterior y de defensa es frenar la creciente presencia de China en la región.
Por tal motivo, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025 desempolva la doctrina Monroe y establece el llamado Corolario de Trump, mediante el cual la administración estadounidense aplica todos los medios económicos y militares disponibles para doblegar cualquier resistencia en la región, siendo la captura de Nicolás Maduro un ejemplo palpable.
En este contexto, la Oficina de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental manifestó su “preocupación por los últimos reportes que señalan que Perú podría quedarse sin capacidad de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo el control de propietarios chinos depredadores”. Y añadió con firmeza: “Que esto sirva de advertencia para la región y para el mundo: el dinero chino barato cuesta la soberanía”.
Mientras que, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, manifestó la firme oposición de su país a la difusión de rumores y difamaciones por parte de Estados Unidos sobre el puerto de Chancay.
Estados Unidos quiere evitar que China controle rutas, infraestructuras y recursos naturales estratégicos en el continente. Por esta razón, tiene la mira puesta en Groenlandia, con el fin de impedir que China tome el control de la ruta del Ártico, la cual se perfila como una alternativa al estrecho de Malaca y al canal de Suez para el comercio con los países del atlántico norte.
De manera similar, el puerto de Darwin, en Australia, ha despertado preocupación en Estados Unidos, ya que se encuentra bajo la administración de empresas chinas. En consecuencia, Washington lo percibe como un riesgo para su seguridad y la de sus aliados en el Indo-Pacífico.
Finalmente, lo que se evidencia es que, con el puerto de Chancay, Estados Unidos enfrenta una situación muy distinta a la que tuvo con el canal de Panamá, ya que se trata de una infraestructura construida por China y operada como un proyecto privado.
No obstante, Washington estará más atento a las inversiones del gigante asiático en América Latina y el Caribe, lo que obliga a los gobiernos de la región a actuar con mayor astucia y cautela para evitar quedar atrapados en la disputa geopolítica y geoeconómica de estas dos superpotencias que luchan por el dominio mundial.