Guardianes de la verdad Opinión
José Miguel Gómez

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Los comportamientos sociales en los diferentes espacios y circunstancias hablan de una ciudadanía en déficit, si lo observamos en la falta de participación cívica en los procesos electorales debido a la alta abstención de los votantes, a la apatía y la indiferencia por acudir a votar o comprometerse para demandar cambios y reclamar derechos.

Una ciudadanía que no demanda reforma, transparencia, inclusión y cohesión social se hace irresponsable ante las desigualdades sociales y ante la corrupción.

Esa participación cívica limitada a demandar derechos y respetar derechos, estimula la debilidad institucional, nos hace ciudadanos irresponsables frente a las carencias en la salud, la educación, la seguridad social, el bienestar social y la equidad social.

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Una mirada desde lo político, esa ciudadanía en déficit luce desconectada de los partidos, del Estado, donde el ciudadano se puede sentir desprotegido, pero, al no participar y militar en las problemáticas sociales, políticas o culturales, el ciudadano pierde la autoridad moral para cuestionar y demandar políticas sociales y reformas.

Recientemente, en medio de una tormenta estacionaria, Melissa; con lluvia en abundancia, inundaciones por todos lados, o sea, en pleno riesgo, un grupo de jóvenes y adultos, hombres y mujeres, junto a niños y adolescentes salieron a realizar “teteo” tomar ron y consumir drogas, donde algunos jóvenes con ánimo exaltados pidieron la legalización de la marihuana.

Esos comportamientos vistos desde lo social y lo cultural, son formas de resistencia, de la espontaneidad, de la alegría y de la forma de “normalizar el peligro y la irresponsabilidad frente al riesgo y la muerte”. Algunos lo hacían por presión social, otros por influencia y, muchos, por buscar sintonizar y construir el “sentido de pertenencia social”.

Esa ciudadanía en déficit, frente al peligro que se exponía, desafiando las recomendaciones de las unidades de emergencia; más bien, aumentaron el desafío, la desinhibición, el placer y el gozo como forma de gratificación inmediata.

Esa búsqueda de “adrenalina” de “dopamina” como forma de escape al estrés y la exclusión social, los llevaba a ejercer la vulnerabilidad y el riesgo. Esos “teteos” y el consumo de alcohol, el bañarse con agua contaminada, exponiéndose a los brotes de leptospirosis, salmonelosis, diarreas, brotes bacterianos y virales etc., nada de eso los detuvo en las búsquedas de una oportunidad para evadir el miedo, la responsabilidad, el compromiso social, el voluntariado y altruismo comunitario.

La ciudadanía en déficit planteada desde la sociología, la psicología social o la antropología, son ciudadanos que se hacen irresponsables frente a sus carencias y limitaciones sociales y culturales, asumiendo el conformismo, el acatamiento social y la crisis de la identidad generalizada, como forma de no estar en sintonía con sus propias carencias existencial. O sea, le dan mala lectura a su condición de vulnerabilidad y marginalidad social. Más bien, se hacen individualistas, apáticos, indiferentes e irresponsables frente al sufrimiento de la comunidad o de la sociedad.

Después de la tormenta vienen los problemas de salud, de viviendas destruidas y de todo tipo de daños. La ciudadanía en déficit vuelve a demandar las mismas carencias negadas por décadas: la exclusión social, la falta de servicio con calidad y calidez, la reparación de vivienda, de calles y de desagües.

En República Dominicana hay que activar el espíritu de voluntariado, el altruismo comunitario, el liderazgo social y cultural para fortalecer una ciudadanía empoderada y resiliente.

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José Miguel Gómez

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