Bienestar
Reflexiones para los padres

Soraya Lara de Mármol
Los padres son las figuras de apego por excelencia para los hijos. Cuando el vínculo establecido es profundo y fuerte, aun ellos hayan fallecido, los hijos extrañarán los abrazos, los consejos, la presencia física y también sus ocurrencias.
La coherencia es determinante, no es posible ser buenos padres si no se muestra una relación de pareja marital estable, cariñosa y respetuosa. Cuando esta es calmada, independientemente de que existan picos de tensión, permea el estado de sosiego en los hijos.
La demostración de afecto sincero es bien recibida por los hijos porque los abrazos, las caricias, las palabras cariñosas y las miradas tiernas activan la producción de la oxitocina, la hormona del amor, el vínculo y el contacto.
Jugar con ellos, divertirse, compartir las actividades que les gustan estimula la dopamina y aumenta la alegría.
Los padres activan la serotonina estimulando rutinas de sueño, ejercicios, momentos de juego; promoviendo la generosidad y el agradecimiento.
¿Qué más pueden hacer los padres? Fomentar rutinas y actividades que fortalezcan los vínculos, el amor, la alegría y el bienestar. Jugar, explorar, ofrecer apoyo emocional, enseñarlos a calmarse cuando están irritables, molestos o tristes. También crearles hábitos de buena alimentación y descanso; disponer de tiempo para transmitir los valores y los principios mediante conversaciones que posibiliten el aprendizaje seguro y confiable.
El tiempo de calidad y cantidad es fundamental. A los hijos les encanta experimentar la cercanía con los padres, sentir su presencia en el diario vivir.
Si los padres son congruentes, estables, seguros y disponibles emocionalmente, los hijos tendrán una autoestima fortalecida.