Guardianes de la verdad Opinión

Riesgo democrático

Cuidado con quienes fomentan el odio y la desafección política

La realidad de hoy es que el país está peor que hace cinco años

Desafección política

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Claudia Rita Abreu
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La desafección por la política y la reacción irresponsable de algunas plataformas en fomentar el odio hacia una clase, en este caso, la de actores políticos, es más que un peligro, una pena, y, por lo vivido en otras sociedades, eso nunca termina bien. No es para menos que ese sentimiento de rechazo a la política se siga alimentando si observamos cómo Estados Unidos ha decidido ignorar cada vez más acuerdos internacionales que, mal que bien, habían servido para mantener cierto grado de respeto en la soberanía de otras naciones, sin quitar situaciones internas, con la persecución de emigrantes y, al mismo tiempo, los famosos escándalos de los archivos de Epstein, que percibimos mediante el bombardeo de información en las redes sociales.

Ahora, en nuestro país, la tendencia es comparar militantes partidarios con sicarios y asaltantes en motocicletas, creándole satisfacción a una audiencia que se alimentó de un grupo de farsantes que lideraron la famosa Marcha Verde y que hoy dejan a sus seguidores en profunda decepción, inconformidad y desánimo. Pocas personas tienden a sentarse a analizar el caos de manera sensata, primero porque no conocen el manejo del Estado y, segundo, porque su realidad les arropa. El mal vivir que se está llevando en República Dominicana incrementa cada día la dificultad para resistir la supervivencia, y no es para menos si a esto le sumamos la amplia desigualdad y discriminación que viven las personas más vulnerables.

Las cifras de endeudamiento privado mediante tarjetas de crédito están disparadas en los últimos años, y todo responde al alto costo de la vida y a que la clase media está alimentándose en base a crédito.

A un ser humano que pasando penurias, viendo cómo no se puede ni contar con el Seguro Nacional de Salud (SENASA), porque este Gobierno se dedicó a mantener una red de desfalco del sistema que provocó el deterioro y hasta la muerte de pacientes, ¿se le puede pedir que razone?

Ser sensato/a, hacer un ejercicio de evaluaciones puntuales para ver cuál será la solución a este azote de Gobierno, que ha sido más destructor que constructor, con una balanza extraordinariamente desigual, es imposible para alguien que se enfrenta a la triplicación de los precios, contando con el mismo salario de hace años, que no puede con todos los servicios (agua, luz, internet, gasolina, escolaridad, alimentación, vestimenta y mucho menos ocio). La crisis es el mejor caldo de cultivo para las posturas extremistas y para seguir utilizando la desesperación de los demás, sin un objetivo claro ni metodológico para revolucionar o mejorar nada.

La Marcha Verde le dijo a este país que la solución a los problemas se concentraba en el Ministerio Público. Y si bien es cierto que las instituciones de justicia deben funcionar y que la permisibilidad ante la corrupción no le hace la vida justa ni siquiera a quienes militan en los partidos, porque opaca cualquier tipo de meritocracia para ocupar puestos de dirección y de poder, también es cierto que dividir el país entre personas serias y corruptas ha hecho mucho daño y ha provocado que, al final de cuentas, sea evidente que nunca hubo una intención de construir una sociedad más transparente y justa.

La realidad de hoy es que el país está peor que hace cinco años; el Estado ha crecido y somos todos quienes lo sostenemos con nuestros impuestos, y hemos llegado a una situación de ahogamiento tal que el terror a una reforma tributaria crece, porque vivimos en un estado de shock constante. Los problemas personales de algunos políticos parecen estar por encima de los problemas sociales, y ese es otro distractor, porque no podemos depender de riñas de terceros para que el país siga en esta inestabilidad.

Quienes apuestan a seguir alimentando la desafección y el odio tampoco son de confiar, porque pueden llevarnos a un extremismo peligroso.

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Claudia Rita Abreu

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