Editorial
Hacia mayor atención a enfermedades mentales
La posibilidad de superar trastornos mentales depende considerablemente del diagnóstico y el acceso a tratamientos con estadísticas que tienden al optimismo. De ahí la importancia de que el Estado abrace con renovado interés la causa de las personas angustiadas por disfuncionalidades neuronales.

Editorial
República Dominicana ha necesitado un giro importante hacia una atención integral a la complejidad de los padecimientos de orden mental que afectan la población y el Gobierno acaba de trazar un camino –y hasta afirma que ya ha dado pasos en esa dirección- hacia la elevación de la capacidad del sistema de salud de incluir pacientes ambulatorios y de hospitalización para los afectados por los grados mayores de deterioro que transforman el comportamiento humano con escasa posibilidades de reintegración a una vida normal y con unas repercusiones de difícil manejo y consecuencias para los entornos familiares y sociales.
Superado el tiempo de los manicomios de escenas que agredían sensibilidades a quienes se asomaran a lugares como el que terminó descrito con oprobio como “almacén de locos del kilómetro 28”, desde el Estado se asumió el propósito de esparcir territorialmente la prestación idónea de servicios psiquiátricos con unidades en los centros de salud ordinarios sin que de inmediato, ni a mediano plazo, se avanzara a un manejo verdaderamente científico para las alteraciones del funcionamiento cerebral.
La presente gestión de Estado está comprometida públicamente a saldar la deuda con la nación de acoger con dignidad y suficiencia a quienes en alguna medida experimentaran disminuciones de las funciones cognitivas con fines de rehabilitación cuando ella sea alcanzable. La posibilidad de superar trastornos mentales depende considerablemente del diagnóstico y el acceso a tratamientos con estadísticas que tienden al optimismo. De ahí la importancia de que el Estado abrace con renovado interés la causa de las personas angustiadas por disfuncionalidades neuronales.
Parte de la solución a la presencia callejera de individuos con pérdidas de la razón, de muy difícil rescate para la ciencia, agresivos en ocasiones y corriendo peligros ellos mismos por exponerse a la violencia de cuerdos de inconductas e impulsivos que también son un problema social (quizás peor) provendría de la prometida ampliación de espacios para el internamiento. La puesta en valor definitiva de las atenciones a las dolencias mentales sería el que efectivamente sea aumentada la cobertura que debe provenir de las Administradores de Riegos de Salud.