#SinFiltros
Educación en RD, ¿formación de ciudadanos o modelo de suscripción?
Vivimos en una sociedad que arde en frustración, y eso es reflejo de una educación que ha priorizado la memoria sobre el sentir.

Ministerio de Educación de la República Dominicana
Cada año los padres dominicanos recibimos una circular que genera más ansiedad que el reporte de calificaciones: la notificación del aumento en las mensualidades o en el costo del año escolar.
Es un ritual casi religioso en el sistema educativo privado de la República Dominicana; sin embargo, con una fe que se agota ante la realidad de los bolsillos. Escribo esto #SinFiltros, porque ya es hora de cuestionar si lo que estamos pagando es realmente una inversión en el futuro de nuestros hijos o simplemente el mantenimiento de un modelo de negocio que ignora la realidad salarial del país.
Tarifazo escolar
El problema no es el aumento per se —entendemos que la inflación es una realidad global— el problema es la falta de regulación y la arbitrariedad con la que cada centro educativo decide su tarifa.
Mientras los salarios en el sector público y privado permanecen prácticamente estáticos, los colegios incrementan sus costos basándose en una "libre oferta y demanda" que resulta ficticia.
En la educación, la oferta no es libre cuando el sistema público no es una opción viable para la clase media; nos convertimos en clientes cautivos.
¿Dónde está el arbitraje del Ministerio de Educación? No podemos seguir permitiendo que el derecho a la educación sea tratado como un "commodity" de lujo. Un aumento anual por encima del índice de inflación es, sencillamente, un golpe bajo a la planificación familiar.
Desfase educativo
Pero mi crítica no se detiene en la factura. Si vamos a pagar más, ¿qué estamos recibiendo a cambio? Como he sostenido en diversas ocasiones, los pensum actuales son injustos con la actualidad que viven nuestros hijos.
Estamos graduando jóvenes que saben resolver ecuaciones cuadráticas; sin embargo, no tienen la menor idea de cómo funciona una tarjeta de crédito o qué es el interés compuesto.
Es increíble que en pleno 2026, las finanzas personales no sean una materia troncal. Juegos tan básicos como el Monopolio o la simulación de bienes raíces deberían ser el ABC desde la primaria. Si no enseñamos a nuestros niños a entender el dinero, los estamos condenando a ser esclavos de las deudas en su adultez.
De igual forma, la educación sexual sigue siendo el gran tabú, rodeada de mitos y miedos infundados. Hay que decirlo claro: educar sexualmente no es inducir; es proteger.
Es dotar al niño de las herramientas para reconocer abusos, entender su cuerpo y tomar decisiones responsables en el futuro. Ignorar esto en las aulas es dejar la formación de nuestros hijos en manos del internet y la pornografía.
Analfabetismo emocional
Vivimos en una sociedad que arde en frustración, y eso es reflejo de una educación que ha priorizado la memoria sobre el sentir. La inteligencia emocional no es un "plus" o una actividad extracurricular de los viernes; es la base para la convivencia humana.
Si un niño no sabe gestionar su ira, su tristeza o su empatía, de nada le servirá ser un genio en física si terminará siendo un profesional incapaz de trabajar en equipo o de liderar con humanidad.
Divorcio institucional
Finalmente, hay un punto neurálgico que atrasa cualquier proceso de mejora: la relación escuela-familia. En teoría, los centros cuentan con profesionales —psicólogos, orientadores y coordinadores— destinados a ser el vínculo institucional con los padres. Sin embargo, en la práctica, nos encontramos con muros de burocracia y limitaciones que parecen diseñadas para "salir del paso" y no para resolver.
El trabajo debe ser conjunto. Muchas veces, estos profesionales están tan saturados o tan limitados por las políticas económicas del colegio que los procesos de intervención o apoyo para alumnos con necesidades específicas se dilatan hasta que el daño es irreversible.
La educación para todos no es solo un eslogan; es el compromiso de que ninguna familia se sienta sola en el proceso de crianza y formación de sus hijos.
La educación en la República Dominicana necesita una sacudida de realidad. Necesitamos que el MINERD deje de ser un espectador y se convierta en un regulador que proteja la economía familiar. Pero, sobre todo, necesitamos que los colegios dejen de vender "estatus" y empiecen a entregar ciudadanos funcionales, financieramente educados, emocionalmente sanos y sexualmente informados.
No se trata solo de cuánto pagamos, es de para qué los estamos preparando. Si el sistema educativo no evoluciona al ritmo del mundo real, seguiremos pagando precios de primer mundo por una educación que nos mantiene anclados en el pasado.
Al final, el único camino para combatir la desigualdad y el estancamiento es, y siempre será, una educación para todos que sea justa, moderna y, sobre todo, honesta.