Guardianes de la verdad Opinión

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JOAQUÍN RICARDO
Este primero de septiembre se conmemoró el primer centenario del nacimiento del dominicano con mayor incidencia en nuestra historia republicana. Vino al mundo en una pequeña aldea del Cibao central llamada Navarrete. Sus estudios primarios y secundarios los cursa en Santiago de los Caballeros, titulándose como licenciado en Derecho en la Universidad de Santo Domingo en el año 1929.

Joaquín Balaguer, el poeta, el político, el ensayista y el abogado se inicia en la administración pública como Maestro de secundaria. Posteriormente es designado Abogado del Estado en el Tribunal de Tierras y de esa posición es nombrado secretario de la Legación Dominicana en Madrid, España. Con esta posición diplomática continúa la que llegaría a ser la dilatada carrera pública del dominicano que consolidó nuestro Estado dominicano moderno y que prácticamente esculpió con sus manos la democracia actual que disfrutamos.

En la Era de Trujillo, Joaquín Balaguer desempeñó diversas posiciones en el extranjero y en la administración pública del país. Llegó a la Presidencia de la República en 1960, posición en la que le sorprende la eliminación del tirano. A partir de entonces se inicia la ímproba tarea del singular estadista. El paso de la dictadura a los albores de la democracia lo dirige el doctor Balaguer hasta que las pasiones se desatan y abandona la Presidencia del Consejo de Estado para apurar con entereza el acíbar del exilio. Regresa, en apenas cuatro años, a la Presidencia de la República con el voto mayoritario de sus conciudadanos.

En 1966, Joaquín Balaguer recibe un país física y moralmente en ruinas. La nación resurge de su cabeza como Minerva de la cabeza de Júpiter. Sus manos firmes y serenas conducen al país por el sendero de crecimiento y desarrollo. El mismo país que se encontraba errante después de una cruenta guerra civil en la que volvieron a desbordarse las pasiones. Inicia de nuevo la construcción de la compleja obra de orfebrería social. La promulgación de la Ley 299 de incentivo industrial sienta las bases para el despegue de la industria nativa. Da comienzo a un vasto plan de obras públicas que germinan como flores en todo el territorio nacional: escuelas, hospitales, caminos vecinales, presas, acueductos, puesta en vigencia de nuestro patrimonio arquitectónico, viviendas y aeropuertos se construyen con los fondos del Erario, sin prácticamente acudir al humillante endeudamiento externo.

Florece una clase media que serviría de equilibrio social en el país. Durante tres períodos constitucionales el país crece. Se fortalece el aparato productivo nacional y las principales reformas económicas se auspician desde un Poder Ejecutivo consciente de su deber. Todo se realiza a contrapelo de una oposición que escogió la lucha armada para derrocar al Gobierno legítimamente constituido.

El 1978 da paso al primer Gobierno de la oposición. Transcurren dos períodos del gobierno. En 1986, el pueblo dominicano vota por el “vuelve y vuelve”, frase que recogía en ese instante de la historia el sentir de todo un pueblo. Joaquín Balaguer regresa a la primera magistratura del Estado y de nuevo recoge el alma nacional. Vuelven las presas y las represas, los canales de riego, los caminos vecinales, las autopistas, los asentamientos agrarios, las policlínicas rurales, las escuelas, los acueductos y las instalaciones sanitarias, los puertos y los aeropuertos, la puesta en vigencia de nuestro patrimonio cultural, los parques, la preservación del medioambiente y la austeridad en el manejo fiscal. Se inicia la segunda hornada de reformas económicas. El Código Monetario y Financiero tiene aquí su origen, entre otras importantes medidas de carácter económico fundamentales para el desarrollo nacional.

Dos períodos constitucionales transcurren hasta la apurada y maltrecha reforma constitucional de 1994, cuyos, efectos nefastos aun inciden en la vida nacional. Se unen al poder imperial los mantuanos del patio. No importan los principios sino el fin. Se justifican los medios. Maquiavelo sonríe ante los zarpazos de los nuevos príncipes.

El 16 de agosto de 1996 una nueva casta accede al gobierno y ejerce plenamente el poder. Joaquín Balaguer se va a la Máximo Gómez 25, parte atrás. Desde la humildad de su apartamento salen los consejos, siempre que le sean requeridos. El Oráculo de Apolo parece trasladarse a la residencia del anciano estadista. Es visitado en peregrinación, pues la moderación se asentó con él en su morada. Se estrechan aún más sus ojos. Dicta de su prodigiosa memoria tres nuevos vástagos del intelecto. Con la dignidad que le era característica enfrenta las enfermedades y al tiempo que aparenta amaestrar. Siente la muerte de los amigos y de los adversarios. Maneja de nuevo los espacios y los huecos de la vida. El 14 de julio del 2002 el gladiador decide no oponer más resistencia y trashuma hacia lo ignoto.

Decide juntarse con sus seres queridos que le han precedido en esta peregrinación hacia el infinito.

Al cumplirse el primer centenario de su nacimiento sus amigos le ratificamos nuestro afecto. En su ultima morada terrenal depositaremos las flores inmarcesibles del cariño y de la admiración. Sus conciudadanos le recordarán en lo íntimo de su corazón. Desde el sitial que le ha sido reservado por la gloria, le imploramos su intercesión en favor de su pueblo que sufre y agoniza.

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