Recuerdo
¡Algunos somos famosos saboteando reuniones!
“Hay de todo en este mundo! –exclama Píndaro-… Hace unos días estuve en una reunión y si no me avivo, me cogen asando batatas... ¡No me lo esperaba!’… ‘No me extraña nada que te hayas sentido así –comenta Herminio-… Dondequiera se cuecen habas…

Retrato
“Hay de todo en este mundo! –exclama Píndaro-… Hace unos días estuve en una reunión y si no me avivo, me cogen asando batatas... ¡No me lo esperaba!’… ‘No me extraña nada que te hayas sentido así –comenta Herminio-… Dondequiera se cuecen habas… No es raro que en algunas reuniones, cuando menos te lo esperas aparece entre los invitados una persona que se convierte de inmediato en un saboteador de algunos de los temas de los que se van a tratar…. Ese que viene con carita de yo no fui, o de aquél que nunca ha roto un plato, es un experto en crear situaciones complicadas cuando más le interese... Odia lo que se espera sea sencillo y simple de poner en práctica para todos porque, para él -o ella-, es más fácil complicar las propuestas que alguno de los presentes en la reunión pueda presentar... Es una técnica muy común en este tipo de personas que casi nunca es esperada por los demás… Es, de esta forma, como el saboteador te vende sus ideas en plena reunión y logra sus objetivos’.
Píndaro, que de tonto no tiene ni un pelo, recuerda que en sus años de alter ego de Herminio ha asistido a múltiples reuniones en las que situaciones similares se han dado. Sus ojos brillan al recordar que, cuando estos vivos se han manifestado en algún nivel de las empresas a las que estuvo ligado profesionalmente, recuerda que vivió el cómo se vieron en la obligación de tener que hacer reuniones previas, cuyo único objetivo era que el grupo lograra lo que realmente deseaba obtener, porque así ganaban tiempo para evitar que el ya conocido saboteador siguiera dándose a la tarea de desestabilizar las rutas hacia los verdaderos objetivos a lograr… Son tan fuertes sus recuerdos que no vacila en expresar: “Algunos de esos ejecutivos, u otros empleados de nivel medio, poseían –y de hecho se sigue poseyendo en muchas empresas en la actualidad-, una personalidad que te arropa y ‘te duerme’ en las reuniones mismas... ‘Su labia’ la saben aplicar en los turnos de las reuniones en que logran participar y, aunque no se crea, su facilidad para convencer a los demás en el grupo participante es increíble… Calcula cada palabra que utiliza en sus argumentos.. ¡Hasta la madre de los tomates!”.
‘¡Es increíble la enorme capacidad que tienen los saboteadores de reuniones de grupos –comenta Herminio-, para hacer creer a los asistentes que él les está apoyando, con expresiones como ¡Qué chulería!... ¡Esa idea sería maravillosa!... Pero, al mismo tiempo, suelta un buscapié con una idea que no parece real de lo valiosa que es la manera de plantearla… Justifica el valor de su aporte, al dotarlo de cierta complejidad, pero descansando en lo humano de la misma… Justo en ese momento, aporta sus opiniones y les asigna valor, para ganarse la atención de todos en la reunión hacia aquello que, según sus expresiones, es diferente de lo que se desea como grupo –y él, o ella- lo sabe, haciendo creer a todos que esa otra opinión que trajo a la mesa ofrece alternativas que, a la vista, parecen valiosas’.
Píndaro no se traga la píldora de aguantar a un saboteador en una reunión, y aprovecha para comentar: ‘Nuestra arma de reglamento a utilizar debe ser, siempre, primero estar presentes y hacernos sentir; segundo, dejarlo hablar lo suficiente para que entonces podamos mostrar nuestras inquietudes, las que deben haber sido pensadas y analizadas con suficiente antelación para que tengan una base sólida… Una vez el saboteador agarre de nuevo su turno de hablar en la reunión, que haga las preguntas que desea de forma directa y simple… Pero, ¡cuidado!... No aparentemos ser condescendientes con este tipo de personas… La historia nos ha enseñado que si en una reunión de grupo adoptamos una actitud de pura y simple aceptación, o nos comportamos sólo como oyentes, al final damos como un hecho que lo expuesto por el saboteador es lo más aconsejable –aunque sepamos que no es así-… porque los resultados en el corto o mediano plazo nos van a pasar factura, a usted, a mi, y a todos en la empresa y… ¡muy posiblemente a las marcas por las que luchamos!’.
Píndaro retoma el tema, y recalca: “Un saboteador, al presentar propuestas que aparentan razonables, tiende a destruir lo conseguido antes por todos, como equipo... ¡A una persona así le encanta el protagonismo y el figureo!... Cuando tengamos frente a nosotros una persona así, escúchele, levántele el ego, deje que todo lo que esa persona dice resuene en el ambiente porque les encanta escucharse… Pero, de plano, no acepte propuestas de ese tipo de personas si usted duda y no tiene un criterio propio… El saboteador de reuniones será consistente y seguirá adelante con lo que se propone y, si usted no está consciente de ello, será presa fácil de lo que no importa en la empresa pero que, desafortunadamente, será una propuesta forzada a ser vista como valiosa mientras sea manipulada por quien la ha planteado…
“¡Mantén tu autoconfianza y valórate!... ¡Sólo tú podrás hacerlo!”
Opinión
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Herminio Alberti León