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Gestión pública

Gloria Reyes y Mayra Jiménez: dos mujeres que fortalecen el Estado sin empezar de cero

Este relevo no es solo administrativo ni circunstancial; es una expresión clara de continuidad institucional y de una ética del poder entre mujeres.

Gloria Reyes y Mayra Jiménez

Gloria Reyes y Mayra Jiménez

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El intercambio de funciones que asumieron el día de ayer Gloria Reyes, ahora Ministra de la Mujer, y Mayra Jiménez, Directora de la Dirección de Desarrollo Social Supérate, expresa una forma de hacer política que las mujeres conocemos bien: la política de la continuidad, del respeto al trabajo realizado y del reconocimiento explícito de los legados construidos por las otras.

Este relevo no es solo administrativo ni circunstancial; es una expresión clara de continuidad institucional y de una ética del poder entre mujeres. Una ética que entiende la función pública como un proceso colectivo, donde gobernar no implica borrar lo anterior, sino cuidarlo, fortalecerlo y proyectarlo. En un contexto político históricamente marcado por el personalismo y la ruptura, este gesto encarna una forma distinta, y profundamente feminista, de ejercer el poder: reconociendo el valor del trabajo de otras mujeres, apostando por la sostenibilidad de las políticas públicas y colocando al Estado y la ciudadanía, y no al ego, en el centro de las decisiones.

Gloria deja en Supérate, que pasó de programa a Dirección, una entidad mucho más sólida, confiable y coherente que la encontrada hace cinco años. Hoy cuenta con objetivos claramente definidos y una política social orientada de manera efectiva a la reducción de la pobreza, con prioridad en las poblaciones históricamente más excluidas. Se elevaron los estándares de focalización y se redujeron de manera significativa los márgenes de error en la inclusión de beneficiarios, una práctica recurrente en gestiones anteriores.

Mayra, por su parte, ha consolidado un Ministerio de la Mujer fuerte e imprescindible para la República Dominicana, con identidad institucional, claridad estratégica y un equipo profesional altamente comprometido, como ella. Su gestión ha fortalecido el rol político e histórico del Ministerio dentro del Estado, reposicionando la agenda de derechos de las mujeres y las niñas con visión, valentía y liderazgo.

Ambas, con alta formación técnica, política y mirada de largo plazo, han transformado instituciones que hasta hace pocos años eran invisibles o subvaloradas. Hoy exhiben legitimidad y capacidad de impacto, tanto a nivel nacional como internacional. Los avances alcanzados hasta la fecha no solo continuarán, sino que los legados de cada una quedan en las mejores manos: las de otra mujer.

Esta transición dentro del gabinete constituye, además, una lección de madurez política y de ética feminista aplicada al ejercicio del poder que, por ser escasa, es preciso reconocer. Apuesta por el intercambio de experiencias y saberes dentro del propio gabinete, por la continuidad interna como garantía de sostenibilidad institucional y por la construcción de Estado más allá de los nombres. Se distancia de la vieja política del “borrón y cuenta nueva”, esa práctica que desconoce lo anterior y empobrece al Estado-país al desechar inversiones, aprendizajes e innovaciones acumuladas en gestiones pasadas.

Estamos frente a un acto profundamente simbólico que educa e instala una lección aún pendiente de integrar en todos los niveles: reducir la competencia entre mujeres y afirmar, con hechos, la unidad y la hermandad como práctica política. Al mismo tiempo, se trata de un gesto político que prioriza la innovación, el intercambio y la cooperación dentro de la función pública, colocando en el centro las agendas que verdaderamente impulsan la transformación: el desarrollo social y los derechos de las mujeres y las niñas. Son estos ejemplos los que, en momentos como los actuales, necesitamos cultivar, replicar y consolidar como práctica habitual en la política y la gestión pública y social.

Nosotras, las ciudadanas y los ciudadanos, observamos y aprendemos de esta experiencia y la hacemos nuestra, conscientes de que el avance de las mujeres ocurre cuando una toma el lienzo que otra dejó y continúa la pintura, llevándola aún más lejos, y cuando la cooperación entre nosotras se convierte en práctica cotidiana.

Sigamos así, hasta que la complicidad, la hermandad y la colaboración entre mujeres se vuelvan costumbre, y los legados entre nosotras sean, finalmente, política de Estado.

Enhorabuena a ambas en sus nuevas gestiones. 

Sobre el autor
Nisaly Brito

Nisaly Brito

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