La historia se repite

Donald Trump (Fuente externa)
La presencia de Estados Unidos en América es real, permanente, imponente y muchas veces abusiva.
La conducta del gobierno norteamericano es la del perdonavidas, la del matasiete, la del poderoso que entiende que con la fuerza y por la fuerza lograra lo que desea
A propósito de la situación actual recuerdo una anécdota, leída en mi infancia, sobre una engreída opinión del representante de Stalin en Naciones Unidas, Andrey Vishinsky y el filipino Ramon Magsaysay. El ruso menospreció al filipino en la Asamblea General, diciéndole: "No eres más que un hombrecillo de un país pequeño".
El señor Rómulo, que medía 1,63 metros, se puso de pie de un salto y le dijo a la Asamblea que el señor Vishinsky tenía razón. Pero añadió: «Es deber de los pequeños Davides aquí presentes arrojar piedras de verdad a los Goliat fanfarrones y hacer que se comporten».
La vida y la historia han demostrado que no hay enemigo pequeño, que los hombres se miden de varias formas: la normal, de la cabeza hacia abajo, pero los grandes hombres y de los países que dejan huellas, se miden de la cabeza hacia arriba.
Cuando el doctor Juan José Arévalo salió de la ´presidencia de Guatemala publicó “Fabula del tiburón y las sardinas” refiriéndose a las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.
Desde la segunda guerra mundial 1939-1945 la cuenca del Caribe no había visto un despliegue de fuerza masivo, diverso y mortífero como el que se exhibe ahora por parte de EE. UU. con el pregonado propósito de combatir el tráfico de drogas hacia Norteamérica.
Nada más falso. Cada gran movimiento de tropas de Estados Unidos tiene una intención oculta que solo se ve tiempo después.
Un simple ejercicio de malicia nos indica que es sumamente difícil determinar que hay un cargamento de drogas en una lancha sin un allanamiento previo de la embarcación.
Quizá el presidente Trump adquirió de su colega argentino Milei, la facultad extraordinaria revelada en el tango cuando canta: ”Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos…
Mientras, el tiburón nada a sus anchas sin que se avizoren sus planes y sus propósitos, eso sí cuiden con uñas y dientes, puños y patadas, piedras y palos, los recursos naturales de cada país.
El tiburón no se conforma con sardinitas. Ojo pelao.