Guardianes de la verdad Opinión
Rafael Acevedo Pérez

Rafael Acevedo Pérez

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Un tema sumamente preocupante es el desorden informativo y comunicacional que tiende a predominar en el mundo de hoy. Nuestro país, de semi analfabetas autoempoderados para cubrir y disimular su incertidumbre y sus temores, que no son mayores, precisamente, porque hemos aprendido a encubrirlos con arrogancia, animosidad y actitudes auto destructivas.

Lo más terrífico que se produce en el día a día es la desinformación programática a cargo de un tigueraje capaz de degradar y desacreditar hasta a sus seres queridos.

El escenario mundial se presta perfectamente para ello.

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Recientemente hemos visto vídeos donde se asegura que el presidente de EE. UU. se comporta con arrogancia y actitudes desorbitadas, no tanto por lo impropias, sino por lo poco ajustadas a las normas conductuales tradicionales para una figura presidencial de esa nación.

En nuestro país, la mentira, la obscenidad y el chantaje son parte de una floreciente industria, una especie de absurdo remate de las grandes revoluciones del conocimiento y la industria.

Recientemente, nada menos que un popular y respetado pastor evangélico, de esos capaces de llenar estadios, estuvo dedicando sus comentarios a las “barbaridades del nuevo Papa León 14”, que, según varios vídeos, profesionalmente elaborados y presentados en YouTube, el nuevo Papa declara que “No habrá una segunda venida de Cristo», ni hará tal cosa como el rapto ni el apocalipsis. Igualmente, los vídeos ofrecen “la noticia” de se han tomado importantes medidas de saneamiento moral y financiero contra sacerdotes de alto nivel en propio Estado del Vaticano.

Al respecto me tomé la tarea de preguntar a amigos católicos que me dijeron no estar informados al respecto y que además les parecía totalmente incierto, por lo cual recurrí a amigos periodistas y directores de diarios, quienes me dijeron no saber nada al respecto, y que “ninguna agencia internacional conocida había informado al respecto”.

Como se puede entender, probablemente estamos ante un ataque al ya muy precario sistema de creencias y fundamentos de nuestra fe pública, en la cual se basa toda convivencia; y toda forma de sociabilidad y predictibilidad de la conducta de nuestros prójimos y conciudadanos.

Nadie saldría jamás ni a la esquina si no fuese capaz de predecir con bastante exactitud lo que va a ocurrir una vez en la calle, y sin sentirse razonablemente seguro de los riego, así como de los mecanismos de seguridad con los que cuenta en su favor.

No es para nada una broma, una simple ocurrencia, que alguien publique una “noticia” de la magnitud de las que se han dicho sobre el Papa, ni tampoco lo es que pastores importantes de otras iglesias salgan a criticar, a lamentar y, de paso, a autentificar falsas noticias, en este caso, sobre el Vaticano, sin hacer los reglamentarios esfuerzos de verificación.

Los cristianos evangélicos, por su parte, están en el deber cuidar a sus hermanos católicos y, sin renegar del “rapto y del apocalipsis”, evitar que las confusiones y mentiras del oscuro y obsceno paganismo moderno nos lleven a peores fatalidades que el propio fin del mundo.

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Rafael Acevedo

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