Guardianes de la verdad Opinión

Futuro político

Internas de partidos encuentran tropas desmoralizadas

El problema no es solo quién ganará las internas, sino a qué costo.

Estas son las reservas de candidaturas del PRM, PLD y la FP

Estas son las reservas de candidaturas del PRM, PLD y la FP

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Mucho poder arriba, pero poco ánimo abajo es la cotización actual de los partidos mayoritarios.

Si hoy se abrieran las urnas internas, no se encontrarían partidos movilizados, sino estructuras cansadas, militancias heridas y liderazgos que, en vez de inspirar, han sembrado frustración. Las elecciones internas de los partidos se acercan, pero lo que predomina entre sus filas no es el entusiasmo ni la renovación, sino una peligrosa mezcla de desencanto, rabia y abandono. Nunca antes las tropas partidarias habían estado tan desmoralizadas como ahora.

En el partido de gobierno, el PRM, la narrativa del cambio se ha estrellado contra una realidad interna amarga. El ejercicio del poder ha privilegiado a tecnócratas sin vínculo con las bases mientras a dirigentes históricos se les margina o se les relega. Peor aún, se han concentrado cargos en manos de unos pocos, dos y hasta tres decretos para una misma persona, como si dentro del partido no existieran más cuadros capacitados. A esto se suma la incorporación de miembros de otros partidos, aliados o no, en detrimento de quienes sostuvieron la estructura en los momentos más difíciles. El resultado es un malestar que recorre todos los niveles del PRM, desde la base hasta la cúpula.

En el caso del PLD, el partido más exitoso de los últimos 50 años, la figura dominante sigue siendo Danilo Medina, pero su liderazgo parece tener una “relación tóxica” y cada vez más distante con sus dirigentes. Impedido constitucionalmente para aspirar nuevamente, enfrenta el dilema de escoger un sucesor lo suficientemente “manejable” para conservar el control y llegar al poder. Sin embargo, quien lidera las encuestas internas no goza de su simpatía, y la otra opción que le queda podría terminar fortaleciendo a Leonel Fernández en la Fuerza del Pueblo. Esta dinámica ha profundizado la desmoralización iniciada durante su propio gobierno, cuando motivó a sus sucesores a aspirar solo para legitimar al candidato que impuso. Hoy, la ambición ha empujado a nuevos y viejos cuadros a abandonar el partido, mientras otros parecen haber entrado en una suerte de hibernación política, como si esperaran que un milagro les cambie su situación.

En la Fuerza del Pueblo, Leonel Fernández es el líder indiscutible y si existe espacio para otro nombre, ese parece estar reservado para su hijo. La inversión política en esa proyección ha generado tensiones internas, desplazando a hombres y mujeres con más de tres décadas de trabajo al lado del líder. En la FUPU, la experiencia ya no es garantía de relevancia; la lealtad histórica ha sido sustituida por cálculos de sucesión que a la larga dividirán el partido en una especie de antiguo y nuevo testamento.

La desmoralización no se mide solo en renuncias o silencios, sino en la erosión de la confianza, en la pérdida de sentido de pertenencia y en la desconexión entre dirigencia y militancia.

El problema no es solo quién ganará las internas, sino a qué costo.

A esto se suma el control social ha hecho que cada vez sea más difícil acceder sin consecuencias a los recursos públicos para ser usados en campaña, hay una sociedad cada vez más vigilante.

Cuando los partidos pierden a su gente, no solo pierden elecciones: pierden alma, credibilidad y futuro. Y cuando la militancia deja de creer, el sistema político entero comienza a tambalear. Porque al final, no son los decretos ni los apellidos los que sostienen la democracia, sino la convicción de quienes todavía creen que vale la pena luchar por ella.

Por eso hoy visualizo unas internas frías en partidos que están calientes.

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Angely Moreno

Angely Moreno

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