Guardianes de la verdad Opinión

Reflexión

Los jóvenes no lo vivieron y los mayores lo olvidan

Aprendí que se debe ser prudente al hacer comparaciones, pues se corre el riesgo de provocar molestias. Además, en referencia al tiempo, no necesariamente las cosas de antes son mejores que las de ahora.

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Como pertenezco a una generación que ha vivido bastante y que, además, ha participado en muchos acontecimientos, con frecuencia soy motivado por amigos a hacer relatos o hablar sobre temas que contrastan con algunas situaciones actuales. En tal sentido, en ocasiones me dejo llevar por ese impulso y escribo acerca de algunos aspectos que considero relevantes. Por ejemplo, las vivencias que en cierto modo marcan diferencias entre el antes y el ahora. Con la única intención de que situaciones que tuvimos la oportunidad de vivir puedan ser recreadas en la actualidad y que quienes tienen la oportunidad de leerlas puedan hacer sus propios análisis o comparaciones.

Aprendí que se debe ser prudente al hacer comparaciones, pues se corre el riesgo de provocar molestias. Además, en referencia al tiempo, no necesariamente las cosas de antes son mejores que las de ahora. Aclaro que los asuntos a los me refiero no tienen que ver, necesariamente, con lo físico ni con la política. De todas formas tienen mucho valor por la experiencia acumulada. Sobre todo, viniendo nosotros, personas que, además de estudiar, comenzamos a trabajar muy temprano, razón por la cual adoptamos normas y metodologías difíciles de olvidar.

Como de alguna manera todavía participo en la cosa pública y debo lidiar no sé con cuántas normativas, tales como Nobaci, Sigef, Poa, PAC, Siscompra, Sugef, Sisdanoc, Sismap, Digeig, ICI, que se han introducido en la administración pública, creo que, a partir del 2012, con frecuencia reclamo y hago críticas a mi estilo. Pues se supone que esas normativas se crearon con la intención de mejorar el desempeño, promover el cumplimiento y propiciar la transparencia. Pero en algunos casos, no tengo rubor en decir que complican los procesos y se constituyen en pérdida de tiempo. No ignoro su importancia, pero la fiebre no está en la sábana. Tampoco, haciendo esfuerzos y gastando tiempo en obtener buenas puntuaciones individuales, se logran mejorías sustanciales en beneficio del conjunto ni del país.

Incluso, con el perdón de los lectores, no dudo que algunas de esas normativas fueron introducidas para estar a la moda o para que solo un grupo los maneje y se constituyan en perennes o indispensables. En tal sentido, he sugerido que hay aspectos que pueden ser revisados. Porque lucen que fueron traídos de modelos que no necesariamente se ajustan a nuestro medio. Porque la administración pública debe ser lo más sencilla posible. Ya que, mientras menos tramites y procesos complicados existan, más agilidad y transparencia se obtienen.

No es mi intención decir que necesariamente las metodologías que se aplicaban anteriormente en administración pública eran mejores que ahora. No. Lo que quiero destacar es que, además de lo anterior, hay un problema que tiene que ver con la disciplina. Los que comenzamos a trabajar cuando muchachos, algunos de ellos presentes, son testigos de ello.

Destacadas personalidades, intelectuales, economistas e historiadores que pasaron por entidades públicas y descentralizadas, podrían dar mejor testimonio sobre las normativas y la disciplina existentes en la época. Fueron escuelas. Las cosas eran más sencillas, pero había que cumplirlas. Precisamente lo que hoy predica y quiere la máxima autoridad, pero lamentablemente muchos funcionarios no han entendido. Han preferido actuar con mentalidad de archipiélago y no de continente.   

Sobre el autor
Teófilo Quico Tabar

Teófilo Quico Tabar

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