La conexión brasileña
Aquella tarde de sábado intentamos infructuosamente de localizar al ingeniero Ignacio Ditrén, entonces como ahora, responsable de la Oficina Metropolitana de Transporte (OMSA). Llamamos a todos los teléfonos que sabíamos y a los que obtuvimos en nuestra investigación. Queríamos hablar con Ditrén para que confirmara o negara una información que habíamos obtenido según la cual, la OMSA se disponía a comprar varios centenares de autobuses de procedencia brasileña.
Por supuesto, esa compra involucraba no recuerdo cuantos cientos de millones de dólares y según la información que poseíamos el negocio no había sido sometido a concurso o licitación alguna.
Como se trataba de dinero del erario, había que insistir en buscar la respuesta de la autoridad encargada del asunto, para dar un mejor servicio al lector.
Dado que la información era irrefutable, no me quedó otra opción que publicarla. Para aquel domingo preparamos, con Miguel Ángel Ferry y Gerard Ellis, una portada de la cual parecía salir, como en tercera dimensión, uno de esos autobuses de gran tamaño. Me llamó poderosamente la atención la reacción del gobierno. El propio Presidente de la República envío una delegación integrada por altos funcionarios para dar las explicaciones que no pudimos obtener dos días antes.
La importación de los autobuses se hizo por sobre la cabeza de quien fuera y sin importar si se guardaban o no las formas, aunque fuera con una hoja de parra sobre las partes pudendas.
Desde entonces me llama la atención la cantidad e importancia de los financiamientos provenientes de Brasil, los cuales se dice que son facilitados por un banco de inversión, cuyos fondos son dedicados a la promoción de la exportación de equipos, talentos y administración de los fondos.
Obviamente los brasileños aprendieron de la Alianza para el Progreso, de Estados Unidos, cuyos préstamos estaban atados a que se comprara equipos y tecnología norteamericanos con el dinero, sin que importara que en el país prestatario se produjeran equipos o insumos de los que se emplearían en las obras.
En esos tiempos fue cuando mediante una Ley ¿480? EEUU vendió excedentes agrícolas e industriales que llenaron de hambre los campos y aumentaron el desempleo. Quizá no se habla de eso porque hace mucho tiempo, ¿mucho?
Un recuento superficial de las obras financiadas y ejecutadas por empresas brasileñas muestra lo importantes que son los amarres de Leonel, Danilo y el Partido de la Liberación Dominicana con determinados bancos y empresas brasileñas.
Ahora que Danilo viaja a Brasil recuerdo aquel refrán que dice: algo huele mal en Dinamarca, pero Dinamarca no está en América: realmente, algo huele mal en Brasil.