Guardianes de la verdad Opinión

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Raffaele Simone, filósofo italiano, vive en la “nueva Italia” del señor Berlusconi y reflexiona sobre la democracia actual, en un ensayo llamado “El monstruo dulce”. Esa “Italia” de Berlusconi que toca fondo a la derecha, como Francia, como España y otros países europeos. Su veredicto es severo: ¿La izquierda? Anclada en la derrota ideológica, sin haber sabido superar el pasado, sin identidad política, mantiene un discurso minimalista, contagiado del consumo y sin una verdadera visión de conjunto.

Su discurso no se conecta; contrario al de la derecha que triunfa porque ha comprendido la época que es consumista, individualista, apresurada, superficial y mediática, además pragmática y sin ideología. Esa derecha conquistadora se ha aliado al empresariado y a los medios de comunicación para promover el “espectáculo” “la diversión”.

Para definir su “monstruo dulce”, Raffaele Simone se basa en las nuevas formas de dominación descritas por Alexis de Tocqueville: el autoritarismo suave o los métodos infantilistas aplicados en la sociedad. El “monstruo dulce” se basa en tres mandamientos: 1. el consumo, (que es la llave del sistema) 2. la distracción ( la televisión, vídeojuegos, Internet, los centros comerciales y las vacaciones en los complejos turísticos, de países muy pobres o con sistema dictatorial).

Simone recuerda que hasta los hechos más graves se transforman en espectáculos de diversión, que esa nueva derecha opera entre la seducción y la ilusión y que, una vez en el Poder, no deja espacio para la contestación o la crítica, es neoliberal a ultranza, populista y apolítica.

No aplica políticas sociales, se alía a los empresarios y todos quieren vivir como ellos en el lujo. Esa derecha que dice saber lo que quiere el pueblo y toma medidas para securizarlo, así esa nueva derecha invita al pueblo a “gozar su vida sin preocupación, déjennos eso a nosotros” (es la insinuación). Ese discurso es el que quiere oír la clase media. Otra observación de Simone es sobre la juventud que ya no quiere escuchar los cuentos y consejos de los ancianos, cada generación prefiere renacer y “vivir su experiencia” según él. El tercer mandamiento es el infantilismo de los adultos: las dietas, la cosmética para sentirse jóvenes, como es el caso de Berlusconi. Con toda seguridad es una “dictadura en guante de terciopelo”.

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