Guardianes de la verdad Opinión
Nexcy D´León

Nexcy D´León

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Cada temporada ciclónica nos encuentra desprotegidos. Se pierden cosechas, enséres, casas, caminos, salud y vidas. Y reaccionamos como si fuera sorpresa que llueva en el Caribe.

Nuestros abuelos sabían leer el cielo. Sabían cuándo venía el huracán y se refugiaban en cuevas, bohíos, paredes bajas y techos seguros. Nosotros, con todos los ministerios, alcaldías, presupuestos y discursos, segui- mos dejando gente en la orilla de las cañadas, seguimos permitiendo barrios enteros sin drenaje pluvial ni sistema de alerta. No es naturaleza «mala». Es mala gestión.

En República Dominicana los ciclones, tormentas, vaguadas e inundaciones son parte de nuestra geografía, igual que el café y la yuca. También los terremotos. No es un misterio. Es rutina climática caribeña. San Zenón, Flora, David y todos los nombres que aún duelen, ya nos dieron la lección: el agua siempre vuelve a buscar su cauce.

Entonces, ¿por qué cada año improvisamos ataúdes y colectas, en vez de prevención?

El país necesita asumir la cultura del riesgo como política de Estado y de comunidad: ordenar el territorio, prohibir viviendas en zonas de alto peligro, limpiar y mantener cañadas y drenajes todo el año, no el día después; educar casa por casa sobre rutas de evacuación y primeros auxilios y garantizar refugios dignos, iluminados y con agua potable.

Llamemos a eso seguridad nacional. Porque proteger la vida de la gente humilde es la primera obligación pública.

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Nexcy D´Leon

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