Minería
¿Les Digo Algo?
La verdadera miseria no es la falta de minas, sino legar a las futuras generaciones un desierto tóxico sin agua potable.

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La cordillera Septentrional no es un simple lote de terreno disponible para el mejor postor; es la columna vertebral hídrica del Cibao y el escudo climático de nuestra costa atlántica. Hoy, ante la sombra de concesiones mineras que amenazan zonas críticas como Pedro García y Yásica, debemos ser categóricos: el supremo interés nacional reside en el agua, jamás en el oro.
Resulta inaceptable que se utilice la pobreza de nuestras comunidades rurales como coartada para justificar proyectos extractivos. La verdadera miseria no es la falta de minas, sino legar a las futuras generaciones un desierto tóxico sin agua potable. La minería metálica en esta geografía, definida por suelos kársticos porosos y atravesada por la peligrosa falla Septentrional, no representa desarrollo, sino una apuesta suicida contra la naturaleza. La ciencia nos advierte lo que la codicia prefiere ignorar: perforar estas lomas es invitar a un desastre sísmico y a la contaminación irreversible de los acueductos que sustentan la vida, la agricultura y el turismo.
No podemos permitir que el espejismo de una rentabilidad financiera efímera destruya los servicios ambientales insustituibles del pico Diego de Ocampo o los Saltos de la Tinaja. La vocación de estas tierras es la vida, no la destrucción a cielo abierto. El Estado debe supeditar cualquier decisión económica a la supervivencia colectiva, rechazando esquemas que privatizan ganancias y socializan catástrofes. Defender estas montañas es un acto de soberanía, un imperativo moral ineludible y una urgencia biológica. Que lo entiendan todos: cuidar la Septentrional es, hoy más que nunca, cuidar la patria.