Dopamina
Líderes vistos por la neuro-política
Los líderes que adoptan actitudes autoritarias van recompensando su cerebro con descarga de dopamina a nivel prefrontal; la dopamina es el químico del placer, y el poder le genera placer, o tener control de los demás

Líderes
Siempre se ha dicho que la historia es cíclica, de donde suele repetirse acontecimientos, circunstancias y procesos que, parecían superados o imposible de volver a repetir siglos después. Lo mismo se puede interpretar con la aparición de liderazgo “fuerte” ya sea de extrema derecha o de extrema izquierda, en países donde la ideología liberal o el desarrollo político social había fortalecido la democracia. Buscando una explicación a estos acontecimientos el filósofo Jean Paul Sastres dijo: “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” o lo que plantea Leor Zmigrad “el futuro de cada individuo está controlado principalmente por la narrativa de su pasado; elegir un futuro es inútil, porque ya lo han elegido por ti”. Esas narrativas vistas desde la neuro-política, lo explica desde un marco teórico que sustenta la rigidez cognitiva y rigidez ideológica, de donde se originan las actitudes autoritarias, dogmática, extremista, refiriéndose y apoyándose en el nacionalismo, la identidad, la preservación de derechos y símbolos de cada país.
Los lideres de extrema derecha o extrema izquierda, al fin y al cabo, terminan siendo autoritarios por su inflexibilidad cognitiva, por su pobreza crítica, llegando a sostenerse en el poder a través de la represión, la división, la manipulación, la persecución desde el poder, reproduciendo sociedades debilitadas estructuralmente que, es lo que observamos con Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Los líderes que adoptan actitudes autoritarias van recompensando su cerebro con descarga de dopamina a nivel prefrontal; la dopamina es el químico del placer, y el poder le genera placer, o tener control de los demás, sentirse “necesario” o “imprescindible” con el yo hiper-inflado, lo que origina y los lleva a una adicción del poder.
Esa acumulación dopaminérgica les va haciendo más rígido y menos flexible cognitivamente. Las sociedades debilitadas, entran en un proceso de acatamiento social, de conformismo, o de regulación donde pierden su pensamiento crítico, originándose una disonancia cognitiva: una diferencia entre lo que se vive, lo que se aspira a vivir y lo que elegimos para que otros regulen nuestros pensamiento, hábitos y conductas.
Las tomas de decisiones de las sociedades debilitadas por líderes de extra derecha o de extra izquierda, no saben cómo responder ante la encrucijada racional, el pensamiento crítico y elegir respuestas con demandas político-social activas para salir de sus desregulaciones emocionales, sociales y de su propia existencia.
Todos sabemos que la historia es dinámica, el cerebro es social, y la cultura tiende a modificar el cerebro, generando crítica, buscando cambios y rompiendo sesgos y esquemas.
Es de ahí que, ningún extremismo es eterno, ni duradero, ni sus líderes logran transcender en el tiempo. Eso debió saberlo Maduro, o los lideres de Cuba o Nicaragua, para hablar de nuestra región.
Los momentos actuales son para usar el cerebro emocional y el racional; para adoptar la reflexión, la crítica y la nueva adaptación social y política, pensando en lo que puede convenir a sus países.
El uso de la resistencia por la resistencia misma, bajo la rigidez dogmática y autoritaria origina la confrontación hacia dentro y produce la debilidad hacia fuera.
Los líderes de la región tienen que olfatear cómo va el mundo, pero también, cómo funciona el cerebro de los líderes que generan conflictos, el riesgo geopolítico y económico.
Son tiempos de usar la neuro-política para entenderse a sí mismo y poder entender a los demás.