Qué se dice
Una muerte anunciada
Si algo dejó en claro nuestra clase política, a propósito de las natimuertas candidaturas independientes, es que unos y otros, tanto los políticos que están en el gobierno como los que esperan su turno en la oposición

Cámara de Diputados
Una muerte anunciada.- Si algo dejó en claro nuestra clase política, a propósito de las natimuertas candidaturas independientes, es que unos y otros, tanto los políticos que están en el gobierno como los que esperan su turno en la oposición, pueden poner a un lado sus irreconciliables diferencias cuando sienten amenazado su interés primario, como lo es mantener el monopolio sobre la presentación de candidaturas a cargos electivos; lo que por carambola les permite restringir en su beneficio el acceso al pastel mas apetecible: el Presupuesto Nacional. La aprobación en segunda lectura en la Cámara de Diputados del proyecto de ley que decretó su muerte no sorprendió a nadie por que era lo que esperábamos, pero aún así resulta frustrante que el intento, con el que se procuraba ampliar los niveles de representación y participación de los ciudadanos en los procesos electorales, impactando de manera directa en la calidad de nuestra democracia, se quedara a medio camino.
Como si no fuéramos los ciudadanos, esos a los que los partidos políticos representados en el Congreso Nacional les niegan la posibilidad de participar, a través de una posición pública de elección popular, en las decisiones que afectan sus vidas, no fueran los que pagaran con sus contribuciones al fisco, léase impuestos, sus salarios y los privilegios a los que les cuesta tanto renunciar, así sea de manera parcial. Pero hasta que la gente no haga conciencia de que con su voto puede castigar o premiar a quienes no representen ni defiendan sus intereses de manera satisfactoria estamos y estaremos jodidos, y si lo digo de esa manera es porque es la palabra que mejor describe lo que está ocurriendo. La pírrica victoria obtenida por nuestros políticos estará sellada de manera definitiva si el presidente Luis Abinader, quien deberá promulgar la pieza o devolverla con observaciones a los honorables, les sigue el juego, y pierde la oportunidad de contribuir a un cambio verdaderamente importante en beneficio de la democracia dominicana.