Crisis
Muertes infantiles dominicanas
En el presente trabajo me referiré al lastimoso y triste panorama que evidencian las estadísticas de mortalidad infantil en la población dominicana durante las tres primeras décadas del siglo XXI.

Retrato
Durante los años de escolaridad primaria se nos inculcó la noción de que los seres vivos pasan de manera secuencial por las fases de nacer, crecer, multiplicarse, envejecer y morir. Podríamos sostener que, en términos generales, en la especie humana esa secuencia tiende a ser la regla; sin embargo, existen condicionantes sociales que interfieren con el designio biológico. En el presente trabajo me referiré al lastimoso y triste panorama que evidencian las estadísticas de mortalidad infantil en la población dominicana durante las tres primeras décadas del siglo XXI.
Empezaré por decir que cuando expresamos la muerte en un formato estadístico se pierde el verdadero significado de lo que ello implica para una hija o un hijo, una madre, un padre, un hermano o una hermana. Es por ello que prefiero relatar un caso real y, a través de éste, proyectar su significado en su incidencia en la población criolla.
A finales del 2025, un niño de 6 años fue conducido a un centro de salud urbano cercano al Distrito Nacional. Tenía antecedentes de episodios de amigdalitis a repetición. Esta vez presentaba un cuadro febril, debilidad general y dificultad para respirar. En la sala de emergencia, los facultativos comprobaron la ausencia de signos vitales, por lo que se certificó la muerte. Al cadáver se le practicó una necropsia con la finalidad de establecer la causa y los mecanismos que llevaron al deceso del menor.
El examen post mortem evidenció abundante líquido espumoso que llenaba el árbol bronquial del fallecido. El corazón estaba aumentado de tamaño, con agrandamiento del ventrículo izquierdo, así como fibrosis y deformidad de tres de las cuatro válvulas cardíacas. Las alteraciones observadas correspondían a los daños típicamente observados en menores que padecen fiebre reumática. Esta enfermedad se debe a una recurrente infección causada por una bacteria denominada Estreptococo Betahemolítico, microbio que puede eliminarse mediante la inyección oportuna de penicilina benzatina, con lo cual se evita la grave secuela del daño reumático progresivo y permanente de la bomba cardíaca.
Son frecuentes los casos de muertes en la niñez, la adolescencia y la adultez joven causadas por fiebre reumática no diagnosticada o mal tratada. Apena saber que niños y adolescentes suelen ser diagnosticados con asma bronquial cuando en realidad sufren de una cardiopatía reumática. Con razón, sabios pediatras y cardiólogos con amplia experiencia suelen decir que “no todo lo que silba en el pecho de un paciente necesariamente significa asma bronquial; bien podría ser un asma cardíaca”.
Es responsabilidad de nuestras autoridades sanitarias estar al tanto de la realidad epidemiológica en lo que respecta a la prevención de las infecciones de la cavidad oral y de la garganta, debido a las graves secuelas sistémicas, especialmente cardíacas y renales.
Pensar que una sola dosis de penicilina inyectada mensualmente en un menor con recurrentes infecciones de garganta puede evitar posteriores intervenciones quirúrgicas cardíacas costosas y muertes repentinas que llenan de luto a humildes hogares en todo el territorio nacional.
¡Que nadie alegue ignorancia! La alerta está dada.