Política
Mujeres que no llegamos tarde: la fuerza silenciosa que ha construido y sostenido al PRM
Hoy, cuando el PRM se consolida como partido de gobierno, reafirmamos una verdad que atraviesa toda nuestra historia: nosotras no llegamos tarde. Llegamos temprano.

Fachada-Casa-Nacional-del-PRM-1-768×456.jpg
Por: Luz Estrella, vicepresidenta nacional del Frente de Mujeres PRM
Las mujeres dirigentes del PRM no llegamos tarde a la política. Muchas llegamos cuando no era cómodo hacerlo, cuando no había garantías ni espacios asegurados, cuando participar exigía convicción, carácter y resistencia. Por eso, hablar de los 11 años de fundación del Partido Revolucionario Moderno, sin hablar del papel de las mujeres sería contar una historia incompleta. No porque se trate de una reivindicación simbólica, sino porque las mujeres hemos sido parte estructural no solo del proyecto político que dio origen, fuerza y sostenibilidad al PRM.
Muchas de nosotras no aparecimos con las victorias electorales ni con los cargos de gobierno. Venimos de procesos largos, formación política, organización territorial y de lucha sostenida. Compartimos una raíz común: la mayoría venimos del órgano de mujeres que fue el más fuerte, organizado y con una mayor visión política que haya tenido partido alguno en la República Dominicana y en buena parte de América Latina, la Federación Dominicana de Mujeres Social Demócratas -FEDOMIUSDE-. Esa experiencia marcó nuestra manera de entender la política: no como improvisación ni coyuntura, sino como disciplina, conciencia social y compromiso con la gente.
Esa escuela no fue casual, fue el resultado de una visión adelantada para su tiempo, la visión de José Francisco Peña Gómez, quien comprendió algo que aún hoy no todos entienden: sin mujeres organizadas, con voz propia y capacidad de decisión, la democracia es frágil. Desde ahí aprendimos que la mujer no está en política para acompañar procesos ajenos, sino para incidir, liderar y sostener proyectos colectivos. Aprendimos a debatir ideas, a respetar reglas, a organizarnos desde las bases y a resistir cuando el contexto no era favorable.

Luz Estrella, vicepresidenta nacional del Frente de Mujeres PRM
Fuimos parte y testigos de una generación de mujeres aguerridas. Mujeres que hicieron política cuando hacerlo implicaba costos personales, familiares y profesionales. Caminamos barrios, organizamos comunidades, formamos estructuras y defendimos ideas cuando no había micrófonos ni reflectores. Muchas de esas mujeres no ocuparon posiciones visibles, pero, construyeron el músculo político que hoy sostiene al PRM. Nombrarlas, recordarlas y honrarlas no es nostalgia; es un acto de justicia histórica.
Cuando nace el PRM, nosotras no empezamos desde cero. Continuamos una historia. Trasladamos una forma de hacer política, ética de trabajo y una cultura organizativa a una nueva organización que asumía el reto de renovar la esperanza democrática del país. Llegamos con experiencia, con criterio y con una vocación clara de servicio. Por eso, no es casualidad que las mujeres hayamos sido parte activa de la construcción territorial, de la organización interna y de la cohesión partidaria, incluso en los momentos más complejos y decisivos.
Desde nuestra vivencia colectiva podemos afirmar algo con claridad: la estabilidad, la unidad y la madurez política que hoy exhibe el PRM, también tienen rostro de mujer. Hemos sido puente cuando hubo tensiones, equilibrio cuando hubo diferencias y conciencia cuando fue necesario priorizar el proyecto colectivo sobre intereses individuales. No hemos sido espectadoras. Hemos estado en las decisiones difíciles, ejecución, mediación y en el trabajo silencioso que no siempre se ve, pero que sostiene.
Nosotras no concebimos la participación política de la mujer como concesión ni como cuota. Los espacios que ocupamos son fruto de trayectoria, formación y compromiso. No somos discurso coyuntural ni adorno institucional: somos estructura, pensamiento y acción. Y estamos convencidas de que la fortaleza del PRM radica precisamente en no olvidar de dónde viene, en reconocer que gran parte de su solidez se explica por mujeres que aprendieron a hacer política con ética, firmeza y sentido colectivo.
Hoy, cuando el PRM se consolida como partido de gobierno, reafirmamos una verdad que atraviesa toda nuestra historia: nosotras no llegamos tarde. Llegamos temprano. Resistimos cuando fue difícil. Y seguimos aquí, con la misma determinación, aportando a la construcción y sostenibilidad de un proyecto político que también ayudamos a parir.
Porque el PRM no se construyó solo con votos. Se construyó con historia, con mujeres formadas y con una convicción compartida de que la política también se sostiene desde lo invisible, pero decisivo.