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Geopolítica dominicana

Pedro Santana: sombras, seguridad, defensa y geopolítica

La expansión geopolítica haitiana hacia el territorio dominicano era una amenaza que obligaba buscar apoyo externo.

PEDRO SANTANA

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La historia dominicana está llena de villanos exaltados y de héroes condenados. Esto ocurre porque muchas veces el análisis se hace ajeno al contexto histórico de cada acontecimiento. Pedro Santana, primer presidente de la República, ha sido señalado durante generaciones como el traidor y no sin razón: el fusilamiento de Sánchez y Duvergé, y la marginación de Duarte y Mella son hechos dolorosos e innegables que marcaron nuestra historia nacional. Sin embargo, recientemente en el “Observatorio de Seguridad y Defensa RD” ha resurgido el debate sobre Santana y la anexión, lo que nos invita a revisar su figura desde otra perspectiva: la de la seguridad, la defensa y la geopolítica, donde, con luces y sombras, ocupa un lugar inevitable en nuestra historia.

Es importante destacar que los liberales y progresistas constituyentes de Moca, fueron lo que indultaron a Pedro Santana, para que regresara, ya que Báez estaba saqueando el país y la retoma haitiana era eminente. Él aceptó, pero puso condiciones claras: amnistía para todos los actos cometidos antes de 1863 y plenos poderes para enfrentar la corrupción y la amenaza externa. Esa amnistía fue el mecanismo que permitió su retorno y la consolidación de su autoridad. Con ella, logró hacer huir a Báez y estabilizar el país en un momento crítico.

La expansión geopolítica haitiana hacia el territorio dominicano era una amenaza que obligaba buscar apoyo externo. Teniendo el presidente Santana tres alternativas primero la posibilidad de anexión a Francia, un posibilidad menos conocida y nunca concretada, se planteó cuando sectores dominicanos buscaban apoyo de una potencia europea distinta a España vista como una potencia capaz de ofrecer prestigio y protección. Sin embargo, la distancia territorial y los vínculos históricos de Francia con Haití restaban credibilidad a esa opción, estaba la de Estados Unidos de forma concreta el presidente Grant impulsó un tratado para incorporar a Santo Domingo como territorio norteamericano, prometiendo resolver la presión fronteriza y garantizar estabilidad, pero no encontró apoyo en el congreso. Y la última propuesta la desarrollo el cónsul español José de la Gándara y Navarro ofreciendo algo más inmediato y tangible: la nacionalización como españoles de quienes lo solicitaran y el respaldo político-militar de una potencia que ya tenía presencia efectiva en la región. Ante el riesgo de una retoma haitiana y la urgencia de asegurar la defensa nacional, Pedro Santana se inclinó por la opción ibérica, convencido de que España representaba la vía más conveniente: cercana, con capacidad militar probada y con voluntad de ejercer una tutela directa que ni Francia ni Estados Unidos podían garantizar en ese momento. Así, la anexión a España se convirtió en la única salida geopolítica que parecía capaz de preservar la existencia de la República Dominicana.

Pedro Santana debe ser entendido como el primer geopolítico dominicano. Supo evaluar las alternativas de Francia, la propuesta estadounidense y la presencia inmediata de España en el Caribe, aplicando criterios de seguridad y defensa nacional para ponderar riesgos y amenazas. Eligió la opción que, en su visión, ofrecía mayor viabilidad en el corto plazo para garantizar la supervivencia del Estado en un entorno hostil. Revisar su comportamiento en el contexto no significa justificarlo, sino comprenderlo. Como señaló el maestro José Vásquez Romero en su trabajo ‘Trayectoria político-militar del general Pedro Santana y su categoría histórica’ (Revista ECOS, UASD), Santana debe ser analizado dentro de su tiempo, como figura clave en la consolidación del Estado y en la toma de decisiones difíciles frente a amenazas externas.

Negar sus sombras sería falsear la historia: los fusilamientos, la marginación de los fundadores y su estilo autoritario son heridas que permanecen en la memoria nacional. Pero comprenderlo en su dimensión geopolítica permite advertir que sus decisiones, aunque duras y polémicas, respondieron a la lógica de supervivencia de un Estado amenazado. Revisar su legado no es justificarlo, sino reconocer que, entre condena y necesidad, se convirtió en una figura inevitable para la consolidación de la República, con claroscuros, sigue siendo un prócer cuya huella obliga a pensar la historia dominicana en el contexto complejo donde se cruzan sombras, poder y razones de Estado.

Sobre el autor
Juan Manuel Morel Pérez

Juan Manuel Morel Pérez

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