Preocupación
¿Periodista en seis horas? El peligro de los atajos
Más que ayudar a quienes desean incursionar en este campo, pueden generar una peligrosa confusión sobre lo que realmente significa ser periodista.

El periodismo no se improvisa.
Recientemente vi en redes sociales un anuncio que invitaba a participar en un taller de redacción periodística en seis horas, por el módico precio de mil pesos. Dos sesiones de tres horas cada una y, al finalizar, el participante podría, según prometía la promoción, “dominar qué es noticia, escribir titulares correctos, redactar una noticia clara, sencilla y evitar errores comunes al escribir”.
Confieso que más que entusiasmo, el anuncio me produjo preocupación.
El primer error radica en pretender condensar el arte y la responsabilidad del periodismo en seis horas. Las academias universitarias, con planes de estudio estructurados, tardan al menos tres años y medio en formar a un profesional. Y eso sin contar que, una vez egresado, el periodista verdaderamente comprometido busca pasantías, clínicas especializadas y formación continua para perfeccionar su oficio.
Aprender a redactar una nota informativa, partiendo del género noticia, no se logra en una jornada exprés. Solo ese género ocupa varias asignaturas en la universidad: teoría de la comunicación, redacción periodística, ética, legislación de prensa, investigación, verificación de fuentes, entre otras. La noticia no es simplemente escribir “claro y sencillo”; implica comprender contexto, jerarquizar información, contrastar versiones, verificar datos y asumir consecuencias.
Porque sí, el periodismo tiene consecuencias.
Como periodista egresada de la universidad estatal, con años de ejercicio profesional y con la convicción de que cada día debemos reinventarnos para no quedar rezagados, no puedo aplaudir ese tipo de ofertas. Más que ayudar a quienes desean incursionar en este campo, pueden generar una peligrosa confusión sobre lo que realmente significa ser periodista.
Vivimos tiempos en los que muchos creen que el periodismo se reduce a subir un mensaje a redes sociales, tomar fotografías con un teléfono inteligente o incluso apoyarse en herramientas tecnológicas. Pero el periodismo no es inmediatez sin criterio. No es viralidad sin verificación. No es opinión disfrazada de noticia.
Este oficio, para quienes lo respetamos, se parece más a un sacerdocio que a un pasatiempo. Es el compromiso permanente con la verdad verificable, con el servicio público y con la defensa de la democracia. Es entender que detrás de cada palabra publicada hay reputaciones, instituciones y comunidades que pueden verse impactadas.
Claro que pueden existir talleres útiles para mejorar la escritura o introducir nociones básicas de redacción. Pero llamar a alguien “periodista” después de seis horas de clase virtual es, cuando menos, una simplificación riesgosa.
El periodismo no se improvisa. Se estudia, se practica, se corrige y, sobre todo, se ejerce con responsabilidad.
Porque informar no es un atajo: es una vocación que exige tiempo, ética y formación rigurosa.
Rossanna Figueroa es periodista, egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).