Guardianes de la verdad Opinión

Estrecho de Ormuz

Del petrodólar al petroyuán

El sistema financiero global siempre se ha basado en una idea simple: la confianza.

Dólar

Dólar

Creado:

Actualizado:

Con el cese al fuego anunciado por Pakistán entre Estados Unidos, Israel e Irán por un lapso de dos semanas, surge como primera medida de importancia la reapertura completa del estrecho de Ormuz. En consecuencia, las negociaciones preliminares se llevarán a cabo sobre la base de los 10 puntos propuestos por Teherán, y no sobre los 15 planteados por Washington. Se trata, sin duda, de una victoria parcial para la nación persa, que, como Estado-civilización, apela a la prudencia y a la paciencia estratégica en la toma de decisiones. En ese sentido, ha jugado un ajedrez geopolítico formidable: ha logrado doblegar, al menos por el momento, al imperio más poderoso de la humanidad.

Las autoridades iraníes sabían que no podían librar una guerra convencional contra Estados Unidos e Israel, dada la superioridad militar de ambos. Por consiguiente, decidieron impulsar un conflicto a nivel geoeconómico con el objetivo de infligir un daño significativo a la economía global, que empujara a sus adversarios a la mesa de negociaciones. Como advertimos en nuestro artículo tras el estallido de la guerra, más que evitar que Irán obtenga un arma nuclear, este conflicto apunta a una reconfiguración del orden mundial para contener el ascenso vertiginoso de China. Asimismo, señalamos que un eventual fracaso de Estados Unidos aceleraría el surgimiento de un orden mundial multipolar, en el que las decisiones más trascendentales no se tomen en Occidente, sino en Oriente.

El sistema financiero global siempre se ha basado en una idea simple: la confianza. Durante décadas, esa confianza giró en torno al dólar estadounidense. El petróleo se cotizaba en dólares, los bancos centrales acumulaban dólares y los países reciclaban sus ingresos energéticos en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Este sistema—conocido como el petrodólar—no era solo económico, sino también geopolítico. Estaba respaldado por garantías de seguridad: Estados Unidos protegía a los principales países productores de petróleo y, a cambio, estos reforzaban la primacía del dólar. Sin embargo, hoy ese sistema muestra señales claras de tensión. Y si Irán logra salir de su actual conflicto con Estados Unidos e Israel sin un colapso de su régimen, la transición hacia alternativas como el petroyuán podría acelerarse de manera significativa.

El punto de inflexión no comenzó con esta guerra. Podría situarse en febrero de 2022, cuando Estados Unidos y sus aliados congelaron las reservas del banco central de Rusia. Esa decisión envió un mensaje contundente: los activos denominados en dólares no son neutrales; pueden convertirse en instrumentos de presión política. Para los aliados de Washington, esto reforzó la confianza; para el resto del mundo, planteó una pregunta incómoda: “¿Podría pasarme a mí?”. Desde entonces, muchos países—especialmente fuera del bloque occidental—han comenzado a reducir su exposición al dólar. Han diversificado sus reservas, aumentado sus compras de oro y explorados sistemas de pago alternativos. En este proceso, China ha emergido como un actor clave.

Sobre este trasfondo se desarrolla el actual conflicto con Irán. Irán no es un actor cualquiera: es un Estado sancionado que ha pasado años aprendiendo a operar fuera del sistema financiero dominado por el dólar. Ha construido canales financieros paralelos, ha fortalecido sus vínculos comerciales con China e incluso ha aprovechado tecnologías como las criptomonedas para eludir restricciones. Si Irán sobrevive a esta guerra—es decir, si su régimen se mantiene y conserva su influencia regional—enviará una señal poderosa: incluso bajo una presión extrema, un país puede resistir el poder financiero y militar de Estados Unidos sin colapsar. Ese mensaje podría llevar a otros países a replantearse su dependencia del dólar.

Aquí es donde el concepto de petroyuán deja de ser teórico. China es el mayor importador de petróleo del mundo y mantiene vínculos económicos estrechos con los principales productores de Oriente Medio. En los últimos años, Pekín ha promovido discretamente el uso del yuan en las transacciones energéticas. Arabia Saudita, pieza central del sistema del petrodólar, ya ha mostrado apertura a aceptar yuanes en algunas ventas de petróleo. Si la inestabilidad regional persiste—y especialmente si las garantías de seguridad de Estados Unidos se perciben como menos confiables—estos países podrían sentirse más inclinados a diversificar tanto sus alianzas estratégicas como sus monedas de intercambio.

La guerra actual pone precisamente en cuestión ese elemento: la credibilidad. Durante décadas, la presencia militar estadounidense en el Golfo actuó como garantía tangible del sistema del petrodólar. Sin embargo, si infraestructuras energéticas clave pueden ser atacadas, las rutas marítimas interrumpidas y los flujos de petróleo amenazados a pesar de esa presencia, los países de la región podrían comenzar a hacerse preguntas difíciles. No necesariamente sobre abandonar a Estados Unidos, sino sobre reducir su dependencia de un solo socio. En ese contexto, aceptar yuanes por el petróleo se convierte en una decisión estratégica, más que meramente económica.

Al mismo tiempo, China ofrece una propuesta distinta. No impone las mismas condiciones políticas en sus relaciones económicas. Proporciona inversión, infraestructura y acceso a un mercado de consumo masivo. Para países como Irán, ya excluidos del sistema financiero occidental, profundizar sus lazos con China es una evolución natural. Para otros, es una opción cada vez más atractiva. A medida que más comercio fluye a través de China, el uso del yuan se vuelve más lógico. Y a medida que más petróleo se negocia en yuanes, el sistema financiero global comienza a transformarse.

Esto no significa que el dólar vaya a desaparecer de la noche a la mañana. Estados Unidos sigue contando con mercados de capital profundos, instituciones sólidas y un alcance global sin igual. Pero la hegemonía no tiene que terminar de forma abrupta para debilitarse; puede erosionarse gradualmente, a medida que más transacciones se realizan fuera del sistema del dólar y la confianza se fragmenta. El surgimiento del petroyuán no reemplazaría al petrodólar, sino que coexistiría con él, dando lugar a un sistema financiero más multipolar.

Si Irán logra sobrevivir a este conflicto, reforzará una lección clave: el sistema global ya no es tan centralizado como antes. Los países tienen opciones. Pueden comerciar en diferentes monedas, desarrollar sistemas de pago alternativos y encontrar formas de eludir los controles financieros tradicionales. En ese entorno, el dólar deja de ser una necesidad universal para convertirse en una elección estratégica.

En última instancia, la transición del petrodólar al petroyuán—si se materializa—no estará impulsada por ideologías, sino por incentivos. Los países se inclinarán hacia el sistema que les ofrezca mayor seguridad, flexibilidad y resiliencia. Hoy, esos incentivos están cambiando. Y conflictos como el actual, lejos de ser episodios aislados, podrían acelerar una transformación que lleva años gestándose en silencio.

Sobre el autor
Julio E. Diaz Sosa

Julio E. Diaz Sosa

Es licenciado en Economía y Finanzas por el Rochester Institute of Technology. Posee una
maestría en Economía Aplicada, con especialidad en Mercados Financieros, por la Universidad
Johns Hopkins; así como una Maestría en Administración de Empresas (MBA), con
concentración en Finanzas, por la Universidad de Maryland en College Park. Además, cuenta
con una certificación en Ciencia de Datos por la Universidad George Washington.


Ha trabajado como economista en el Departamento de Estadísticas del Banco Mundial, donde
estuvo a cargo del manejo de las cuentas nacionales de los países de América Latina y el
Caribe. También se desempeñó como científico senior de datos en el área de servicios
financieros para la firma de consultoría Gartner.


Actualmente, se desempeña como representante de la República Dominicana ante el Banco
Mundial.


Es autor de los libros Notas Económicas con Julio Díaz (2016), Actualidad Geopolítica y
Económica: Retrospectiva cronológica (2020) y Geoeconomía, Geopolítica y Política RD
(2025).

tracking