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Partido Revolucionario Moderno

PRM: El enemigo no es la oposición, es la indiferencia

Y cuando las bases se desencantan, ocurre algo más peligroso que la oposición frontal: la indiferencia

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En las elecciones del 2020 el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no solo perdió el poder: perdió conexión. Más allá de sus crisis internas, divisiones y factores externos que todos conocemos, el mayor error fue alejarse del sentir ciudadano. El discurso ya no conectaba, la narrativa no convencía y la gente dejó de sentirse escuchada.

El resultado fue contundente. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ganó, no necesariamente por entusiasmo masivo hacia su propuesta, sino porque representaba la única vía viable para castigar al PLD. Fue un voto de hartazgo, un voto correctivo, un voto de ruptura. Y el PLD salió del poder de cuajo, con pocas probabilidades de retorno inmediato.

En 2024, el panorama fue distinto. La gestión de Luis Abinader, sumada a la sólida estructura territorial del PRM, logró sostener el poder. Hubo aprobación suficiente, organización política efectiva y una oposición fragmentada. El oficialismo capitalizó eso y obtuvo un segundo mandato.

Pero el verdadero desafío no era 2024. Es 2028.

Hoy el PRM enfrenta un riesgo que debería analizar con frialdad: el mismo fenómeno que sepultó al PLD podría estar incubándose dentro de su propia gestión. El partido de gobierno luce cada vez más distante no solo de la ciudadanía, sino de sus propias bases. Dirigentes medios y militantes que trabajaron por el triunfo sienten que el gobierno no les pertenece, que no forman parte del proyecto que ayudaron a construir.

Y cuando las bases se desencantan, ocurre algo más peligroso que la oposición frontal: la indiferencia. Ese “que se queden o que se vayan, da lo mismo” es el síntoma más claro de desconexión política. No hay indignación movilizadora, pero tampoco hay lealtad comprometida.

La historia reciente dominicana demuestra que el poder no se pierde únicamente por mala gestión; se pierde cuando se rompe el vínculo emocional con la gente. Cuando el ciudadano deja de sentir que su realidad está siendo interpretada y representada.

El PRM todavía tiene tiempo. Tiempo para corregir, para abrir espacios, para reconectar con sus bases y con sectores sociales que hoy se sienten fuera de la ecuación. Pero si el distanciamiento continúa, 2028 podría convertirse en un terreno fértil para otro voto de castigo.

La política dominicana ya dio una lección en 2020: ningún partido es indispensable. El que se desconecta paga y las bases no olvidan.

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Angely Moreno

Angely Moreno

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