Guardianes de la verdad Opinión
Julio Ravelo Astacio

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“En su cumpleaños, a mi querido compadre, colega y hermano Fernando Sánchez Martínez””

Los barrios, al igual que las ciudades o las personas se transforman, cambian en la medida que pasa el tiempo e incluso en algunas ocasiones desaparecen al igual que los humanos. En esta oportunidad, querido lector, quiero traer al presente algunas características del barrio Mejoramiento Social.

Su construcción se inicia en 1944 y su inauguración el 20 de abril 1946. En ese entonces el presidente Trujillo ordenó su construcción y encargó de su desarrollo al arquitecto Guillermo González.

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Fue el primer barrio construido como tal en la ciudad capital, las casas o chalés construidas en terrenos adquiridos por el gobierno al Royal Bank of Canadá en 1944.

A este sector se le conocía como “barrio de Galindo”. Su nombre se originó por el cruel asesinato de Ramón Andújar y sus tres hijas menores, el 29 de mayo 1822, de manos de tropas haitianas, suceso que inspiró la novela “Las vírgenes de Galindo”.

Se construyeron 225 casas en blocks y concreto armado, a la fecha muchas están intactas en su estructura. Las viviendas eran de 2 y 3 habitaciones, con baño, sala, comedor, cocina, amplio patio, áreas de recreo, así como servicio de agua y luz, acera y calles asfaltadas. El sector fue dotado de escuela, iglesia, hospital, biblioteca, parque, dispensario médico, guardería, club deportivo y una incineradora.

La calle Tte. Amado García Guerrero (T.A.G.G), antes Braulio Álvarez, nos puede servir de referencia para un breve recorrido por el sector. La escuela Perú edificio de madera de dos plantas era la escuela primaria, a su izquierda la residencia del general Paulino Asiático, luego el cuartel de la P. N. que aún perdura. Un colmado muy concurrido por limpiabotas y billeteros donde conocimos a “Pedro el mocho”, quien desempeñaba ambas funciones. Al frente estaba el taller “Los Navarro” y uno de sus propietarios, de origen español, participó en el recorte de las armas usadas en el ajusticiamiento del tirano. Al frente de la Perú residía la familia del Dr. Nelson Astacio, prestigioso cardiólogo, con su Peugeot azul claro estacionado frente a su casa. En la esquina Dr. Betances con T.A.G.G existía una pequeña biblioteca, Lila era la encargada. Posteriormente se levantó una construcción que se dedicó a la venta de electrodomésticos, el Sr. Juan Ramón Gómez Díaz, propietario de Telemicro era el dueño. Frente a la misma, la farmacia Dr. Báez que sigue abierta al público, al lado de ésta la Academia Comercial Sánchez. La familia Sánchez Martínez, mocanos, la fundaron. Lugar este en que muchos jóvenes del sector se capacitaron en cursos de contabilidad, mecanografía, taquigrafía, correspondencia… cual colmena de abejas allí entraban y salían jóvenes hasta avanzada la noche en sus deseos de superación.

La familia Záiter Terc se ubicaba casi al frente de la Academia. Próximo a ellos residía Víctor Díaz. En algunas ocasiones, en horas de la noche, subíamos en una camioneta un piano, un bandoneón, una guitarra y la voz de barítono de Víctor y ¡a recorrer calles, incluso del Ensanche Ozama, a dar serenatas a las chicas! ¡Cuánto arrojo, qué tiempos aquellos!

En la escuela Perú, luego de finalizada la jornada de clases, un grupo de jóvenes aprovechábamos sus aulas para realizar las asignaciones universitarias. Varios estudiantes de medicina de la UASD (Fernando Sánchez Martínez, Rafael Ortíz Vidal, Octavio Medina Melo, Francisco de la Rosa, Quico Salcié, Joaquín Ramírez, Milvio Linares y quien escribe). Además, de los estudiantes de derecho: Euclides Pimentel, Manuel Cabral Ortiz, el Chino Chia y Castillito. No fueron pocas las veces que un sargento de la P.N. ametralladora en mano, nos interrumpía y amenazaba porque al frente o en el patio de la Perú explotaban bombas hechas en envases de película Agfa.

Por lo reiterado del asunto tuvimos que aplazar por algunos meses nuestras horas de estudio en dicho lugar y nuestra acostumbrada visita al restaurante Príncipe donde Freddy y Martha nos atendían con un café, un derretido de queso o un pedazo de bizcocho a medianoche para seguir nuestras tareas.

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