Inversión
República Dominicana y el riesgo de caer en la trampa del ingreso medio
Las comparaciones con Chile y México son útiles porque ilustran dos versiones distintas de este desafío.

Creada con IA
Una de nuestras principales preocupaciones sobre el comportamiento de la economía es el bajo crecimiento observado, especialmente en dos de los últimos tres años, en los que la expansión estuvo por debajo de la mitad del crecimiento potencial de la economía dominicana durante los últimos 30 años, el cual ronda el 5 % en términos reales. Esto nos lleva a inferir que, de consolidarse esta tendencia, el país podría entrar en la antesala de caer en la trampa del ingreso medio.
La trampa del ingreso medio es la idea de que, una vez que un país alcanza un nivel intermedio de ingreso, puede quedar “estancado” en ese punto: los salarios aumentan lo suficiente como para que competir con mano de obra barata sea más difícil, pero la economía aún no ha desarrollado la innovación, las capacidades, las instituciones y las empresas de alta productividad necesarias para competir con los países ricos. En la literatura académica, la trampa no se entiende como un evento único, sino como un patrón de desaceleración de la productividad, débil avance hacia exportaciones más complejas y choques macroeconómicos o políticos recurrentes que interrumpen ciclos largos de inversión. Los economistas suelen describir este mecanismo de manera sencilla: el crecimiento temprano se basa en trasladar trabajadores desde actividades de baja productividad hacia otras de mayor productividad, así como en la adopción de tecnologías existentes. Sin embargo, el crecimiento posterior exige tareas más complejas, como innovar, construir cadenas de valor sofisticadas, mejorar la calidad educativa y fortalecer la capacidad del Estado, porque las “ganancias fáciles” de convergencia se van agotando (Eichengreen, Park y Shin, 2012; Felipe, Abdon y Kumar, 2012).
Para la República Dominicana, la pregunta no es si el país ha crecido —por la mayoría de los indicadores, lo ha hecho—, sino si el crecimiento observado en años recientes y el impulso esperado en los próximos años se traducirán en aumentos sostenidos de la productividad. Un crecimiento fuerte en términos agregados puede coexistir con vulnerabilidades típicas de esta trampa: dependencia de pocos motores económicos, como el turismo, las remesas, la construcción y algunos nichos de manufactura en zonas francas; escasos efectos de aprendizaje hacia el resto de la economía; y brechas en infraestructura, logística y capital humano que limitan el avance hacia actividades de mayor valor agregado. El riesgo es que los buenos años se conviertan en ciclos de consumo y expansión de servicios, en lugar de períodos de acumulación de capacidades productivas. En la literatura económica sobre la trampa del ingreso medio, esta distinción es clave, porque los aumentos de ingreso de largo plazo dependen mucho más del crecimiento de la productividad y la sofisticación exportadora que de expansiones temporales de la demanda (Agenor y Canuto, 2012; Ohno, 2009).
Las comparaciones con Chile y México son útiles porque ilustran dos versiones distintas de este desafío. Chile ha sido durante mucho tiempo uno de los países de mayor ingreso en América Latina, pero también ha enfrentado debates sobre un posible estancamiento en un modelo vinculado a los recursos naturales que presenta dificultades para diversificarse hacia la frontera de la innovación. México, por su parte, está profundamente integrado a la manufactura estadounidense, lo que representa una ventaja, pero su crecimiento de la productividad ha sido desigual entre regiones y empresas, un rasgo típico que la literatura económica sobre la trampa busca explicar (Felipe et al., 2012; Im y Rosenblatt, 2013). Estos casos demuestran que la estabilidad macroeconómica y la integración internacional, por sí solas, no garantizan una transición exitosa hacia economías de altos ingresos. En este sentido, la República Dominicana debe entender que las tasas de crecimiento pueden ser volátiles y que escapar de la trampa requiere mejoras constantes en capacidades productivas a lo largo del tiempo.
Entonces, ¿qué podría significar en la práctica la trampa del ingreso medio para el país? En un escenario positivo, crecer en torno a su tasa potencial brindaría al Estado y al sector privado el espacio fiscal y financiero necesario para invertir en los factores que impulsan la productividad: mejor educación, formación técnica, electricidad confiable, puertos y carreteras eficientes, políticas de competencia más efectivas e infraestructura digital que fortalezca la eficiencia empresarial. En un escenario negativo, el crecimiento podría ocultar fragilidades estructurales, como la persistencia de la informalidad, la baja productividad empresarial y la limitada diversificación económica. La evidencia empírica muestra que la transformación estructural y el crecimiento de la productividad total de los factores son los verdaderos determinantes de la convergencia económica (Eichengreen et al., 2012; Im y Rosenblatt, 2013).
De esta evidencia se desprenden tres recomendaciones prácticas. Primero, hacer de la productividad el eje central de la estrategia de crecimiento, más allá del volumen de inversión. Esto implica priorizar reformas que aumenten la eficiencia empresarial, como la modernización aduanera, la simplificación regulatoria, el fortalecimiento de la competencia y el apoyo a la adopción tecnológica en pequeñas y medianas empresas. Segundo, invertir en habilidades alineadas con la transformación productiva. No basta con ampliar la cobertura educativa; es necesario fortalecer la formación técnica, las competencias digitales y la vinculación entre el sistema educativo y el sector productivo. Muchos países de ingreso medio aumentaron la matrícula educativa, pero no desarrollaron las capacidades técnicas y de resolución de problemas necesarias para sectores más complejos, lo que contribuyó a la desaceleración de la productividad (Ohno, 2009; Agenor y Canuto, 2012). Tercero, profundizar la complejidad exportadora y los encadenamientos productivos. El éxito de las zonas francas es un activo, pero el país debe garantizar que los proveedores locales logren integrarse, innovar y escalar, generando mayores efectos de aprendizaje y desarrollo.
En definitiva, la República Dominicana ha logrado avances significativos y cuenta con ventajas importantes, como su ubicación estratégica, estabilidad macroeconómica y apertura al comercio y la inversión. Sin embargo, el riesgo de caer en la trampa del ingreso medio no es menor. Superarlo requiere decisiones estratégicas, reformas estructurales y una visión de largo plazo orientada a la innovación, la productividad y la diversificación económica. Es el momento de dar un salto hacia adelante, superar los temores y avanzar con determinación en las reformas estructurales que permitan al país consolidar su desarrollo y garantizar prosperidad sostenida para las próximas generaciones.
El Tema de Hoy
Ascenso social en República Dominicana que algunos reconocen y a otros no acaba de convencer
Nelson Marrero
Referencias
Agenor, P.-R., & Canuto, O. (2012). Avoiding Middle-Income Growth Traps. Economic Premise;No. 98. © http://hdl.handle.net/10986/16954
Eichengreen, B., Park, D., & Shin, K. (2012). “When Fast Growing Economies Slow Down: International Evidence and Implications for China.” Asian Economic Papers, 11(1), 42–87.
Felipe, J., Abdon, A., & Kumar, U. (2012). “Tracking the Middle-Income Trap: What Is It, Who Is in It, and Why?” Levy Economics Institute Working Paper.
Im, F. G., & Rosenblatt, D. (2013). “Middle-Income Traps: A Conceptual and Empirical Survey.” World Bank Policy Research Working Paper.
Ohno, K. (2009). “Avoiding the Middle-Income Trap: Renovating Industrial Policy Formulation in Vietnam.” ASEAN Economic Bulletin, 26(1), 25–43.