Guardianes de la verdad Opinión
MONTSERRAT-BOGAERT

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Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Salmos 37:4

La Palabra nos muestra que Ana lloraba desconsoladamente y había perdido el deseo de comer, porque su mayor anhelo era tener un hijo. Su corazón estaba lleno de tristeza, frustración y resentimiento. Aunque su esposo intentaba consolarla, nada calmaba su alma.

Por mucho tiempo, Ana oró, pero sus súplicas nacían desde un lugar de competencia y comparación. Quería un hijo para probarle a Penina, su rival, que también podía ser madre. Pero un día, todo cambió. Ana entró en la presencia de Dios con un espíritu diferente. Su oración ya no fue para demostrar algo, sino para rendirlo todo. Le pidió un hijo, sí, pero con un nuevo propósito: dedicárselo al Señor.

Fue en ese momento de rendición, cuando su motivación se alineó con el corazón de Dios, que su oración fue respondida.

A veces, también nosotros oramos con expectativas que nacen del orgullo, la comparación o el dolor. Pero Dios no solo escucha nuestras palabras; Él examina las intenciones del corazón. La respuesta llega cuando oramos no para obtener, sino para entregar. No para competir, sino para glorificar. No desde la herida, sino desde la fe.

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Montserrat Bogaert

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