Reflexión
Solidaridad ante un amigo enfermo
La solidaridad y la gratitud son virtudes que debemos esforzarnos en practicar en una sociedad cada vez más apática e indiferente en la que solo damos si entendemos que hay retorno y esa práctica, inhumana y poco cristiana, induce al individuo a actuar frente a los demás, buscando siempre conveniencias personales.

Imagen de referencia
La solidaridad y la gratitud son virtudes que debemos esforzarnos en practicar en una sociedad cada vez más apática e indiferente en la que solo damos si entendemos que hay retorno y esa práctica, inhumana y poco cristiana, induce al individuo a actuar frente a los demás, buscando siempre conveniencias personales.
Estas reflexiones vienen a mi mente porque recientemente, en un acto de puesta en circulación de un libro, me encontré con un viejo y veterano periodista que, en base a sus habilidades y conexiones políticas, llegó a ser diputado y a ocupar cargos públicos que les permitieron retirarse holgadamente.
Al saludarnos, le comenté que había visitado recientemente a un amigo común que padece de alzhéimer, ante lo que me comentó que él dejó de visitarlo porque el amigo no lo identificaba. Solo atiné a decirle que, para mí, el que me identificara o no, no era importante, sino la alegría que les proporcionaban mis visitas.
El amigo quedó un poco pensativo ante mi comentario. Yo, mientras tanto, buscaré tiempo para seguir visitando esporádicamente al amigo enfermo, acompañado de una botella de vino, sin alcohol, que degustamos alegremente como si fuera un Dom Pérignon, porque, aunque mi amigo no recuerde quien soy, yo si se quién es él.