Un grito en contra de la involución

Samuel Luna
Nos sentimos en grado superlativo orgullosos de ser dominicanos, “defendemos todo lo que es nuestro”, hasta el punto que gritamos a todo pulmón para defender nuestro equipo de béisbol, promovemos nuestra gastronomía como “la mejor del mundo”, y casi veneramos nuestras playas y ríos. Sin embargo, somos responsables del caos involutivo, del desorden planificado; es como que todo se convierte en un circo político que solo busca distraer a la población para lograr un bienestar que favorezca a un sector intangible o a una organización política con displicencia y con modelos ancestrales infrugíferos. Por eso grito en contra de la involución.
A pesar de celebrar nuestras riquezas naturales, también accionamos con instintos predatorios y, sin darnos cuenta, construimos nuestras propias trampas que nos mantienen prisioneros de la involución, dejando así una paralización en el desarrollo del Estado y en las familias dominicanas. Debemos entender que la involución no solo es biológica, la podemos sentir y percibir en la cultura, en las artes, en la economía, en la política y hasta en la democracia que supuestamente debería generar en nosotros libertad e igualdad de oportunidades. Por eso grito en contra de la involución.
Grito porque tenemos de todo y no tenemos nada, grito porque poseemos un sistema democrático pero vivimos en temor e inseguros, grito porque poseemos fuentes acuíferas, y aún así, en nuestro país existen muchos municipios y ciudades carentes de agua, grito porque poseemos recursos naturales y como ciudadanos no podemos disfrutar de esas riquezas renovables y no-renovables pero inalcanzables para la mayoría de la población dominicana, grito porque nos hemos convertido en fanáticos de los partidos políticos que hoy operan como empresas y nos hemos olvidado de ejercer la cohesión social y la potestad ciudadana.
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Es increíble como la sociedad dominicana gasta cuatro años buscando al próximo candidato presidencial y no somos capaces de resolver el sistema de la salud, la tasa de desempleo y la seguridad ciudadana. Es vergonzoso ver a los partidos políticos vendiendo sus figuras, bailando en las calles, y haciendo movimientos seductores con el fin de ganar adeptos, pero realmente muy lejos del compromiso de generar una marcada metamorfosis social; solo buscan vender sus rostros maquillados de fraudes y así se pasan los años involucionando sin respuestas y sin soluciones que pongan un punto final a las necesidades básicas.
Por eso hoy, a través de este artículo, doy un grito de repudio a la involución que hemos promovido, que hemos aceptado, que hemos auspiciado; y sobre todo, que hemos abrazado como una verdad inherente del pueblo dominicano. En otras palabras, nos han hecho creer que lo que sucede en este país es normal y es profético. Pero no es así, debemos tener acceso a un sistema de agua potable, a un sistema educativo que no sea arropado por los partidos políticos, a un sistema judicial que ejerza y aplique el imperio de la ley. ¿Quién hará esto? ¡Ahora mismo nadie! Es que nuestro problema social se llama involución, poseemos una cosmovisión muy pobre del Estado, de la dignidad, de las riquezas, de la mayordomía y propósito del poder. Nos hemos olvidado que somos transitorios y que solamente nos quedan algunos años en esta habitación de 48,000 kilómetros cuadrados. Por eso grito en contra de la involución.
Hoy me atrevo a lanzar un grito que llegue al corazón de todos aquellos que se consideran líderes, una oración ante el Creador pidiendo su intervención para eliminar la ceguera socio espiritual, la frialdad y la conformidad que poseemos como pueblo dominicano. Hay que eliminar la involución, la mediocridad y la falta de visión que no nos ha permitido imitar a otras naciones que ya han quebrado aquel molde que reproduce las prácticas involutivas. Por eso grito en contra de la involución.