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En la unidad está la fuerza

En una economía abierta y dependiente del combustible importado, el desorden interno es un lujo que no podemos darnos. Por eso, hoy más que nunca, la consigna correcta es simple y profunda: en la unidad está la fuerza.

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La guerra y la tensión geopolítica entre los Estados Unidos, Israel e Irán no son un drama lejano para la República Dominicana.

Aunque el Gobierno ha asegurado que no existe riesgo de desabastecimiento, sí admite una presión creciente sobre las finanzas públicas por el alza de los combustibles y el encarecimiento internacional de la energía.

En otras palabras: el país no está aislado de la tormenta, solo la siente por otra vía, la del bolsillo de la gente, el transporte, la producción y el costo de la vida.

Por eso tiene sentido el llamado del presidente Luis Abinader a construir un gran acuerdo nacional.

El Gobierno inició consultas con gremios empresariales y sectores sociales para buscar consenso frente al complejo escenario internacional, y luego anunció encuentros con los expresidentes Leonel Fernández y Danilo Medina para ampliar esa conversación. Esa decisión, más que un gesto político, es una admisión de realidad: en tiempos de crisis externa, la división interna sale demasiado cara.

La respuesta de los sectores productivos ha sido, en general, madura. CODESSD y CODUE respaldaron el llamado presidencial y hablaron de un momento que exige unidad, diálogo y concertación entre todos los sectores.

También, CONEP, AIRD y COPARDOM apoyaron la consulta nacional, mientras ASONAHORES y ADOZONA valoraron la concertación como vía para fortalecer la estabilidad, la competitividad y el desarrollo.

Esa convergencia no debe verse como cortesía institucional, sino como una señal de alarma compartida: cuando el costo de la energía sube, toda la economía tiembla.

En este punto conviene detenerse: la unidad nacional no puede ser un eslogan de ocasión. Debe traducirse en medidas concretas, en sacrificios repartidos con justicia y en una conversación honesta sobre cómo proteger a los más vulnerables sin destruir la estabilidad macroeconómica.

La oposición tiene razón cuando exige seriedad en el plan; Francisco Javier García advirtió que el Gobierno dispone de alternativas correctivas y que no debería recurrir siempre al alza de los combustibles. Esa crítica, bien entendida, no debilita el diálogo: lo obliga a ser útil y no decorativo.

La República Dominicana necesita un pacto de nación que vaya más allá de la foto y del comunicado. Hace falta coordinar al Estado, al empresariado, a los trabajadores, al transporte, al turismo, a la energía y a los partidos políticos alrededor de una misma prioridad: amortiguar el golpe externo sin trasladarlo todo el peso al pueblo.

En una economía abierta y dependiente del combustible importado, el desorden interno es un lujo que no podemos darnos. Por eso, hoy más que nunca, la consigna correcta es simple y profunda: en la unidad está la fuerza.

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Cristian Mota

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