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La crisálida del ser humano: adiós a las edades históricas y afianzamiento del “homo digitalis”

Hace aproximadamente 6 o 7 millones de años que comenzó la aventura de la hominización, si partimos del punto en que nos pusimos de pie (bipedismo) pasando por el Sahelanthropus, el Ardipithecus y, por último, el australopitecus, del cual brota Lucy.

Del origen de la humanidad al algoritmo

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GUSTAVO MOREL

“La historia demuestra que la mayoría de los seres humanos no se dan cuenta de lo que está aconteciendo alrededor de ellos” Iván Gatòn.

Abrumadoramente pequeño, “un punto azul pálido” llamado Tierra, según Carl Sagan, orbita serenamente una estrella de tamaño mediano llamada por nosotros, Sol. Desde y sobre ese puntito se ha desarrollado toda la historia que conocemos.

Hace aproximadamente 6 o 7 millones de años que comenzó la aventura de la hominización, si partimos del punto en que nos pusimos de pie (bipedismo) pasando por el Sahelanthropus, el Ardipithecus y, por último, el australopitecus, del cual brota Lucy. Pero, no fue hasta hace 2.5 mm de años que alcanzamos la categoría de humanos con el género homo. En esta escala evolutiva aparecen el homo habilis, el erectus, el antecessor, el neanderthal y el sapiens. De la aparición de este último hace apenas 300 mil años.

¡Trescientos mil años! Parece mucho, pero no es más que un parpadeo a escala en el tiempo geológico. De igual manera, para entenderlo, una serie de estudiosos como historiadores, antropólogos, arqueólogos, genetistas, geólogos, entre otros, han creado líneas de tiempo y periodizaciones para tratar de explicar de dónde venimos y como evolucionamos, desde cuándo, cómo, por qué y cual podría ser nuestro futuro.

Tomando como punto de partida el modus vivendi y los materiales que usamos, el tiempo se ha periodizado de la siguiente manera: Edad de Piedra, Edad de los Metales y la Historia.

Edad de piedra: Paleolítico (eran nómadas, recolectores, cazadores y vivían en cuevas en las cuales crearon el arte rupestre. 300,000-12,000 años a. C.). Mesolítico (fue una etapa de transición climática en la que el clima se tornó más cálido. 12,000-10-000 a. C.). Neolítico (se inventa la agricultura, la ganadería, nos hacemos sedentarios y surgen las primeras aldeas. 10,000-3,000 a. C.)

Edad de los Metales: edad del cobre, del bronce (nacen Egipto y Mesopotamia) y el hierro con los cuales mejoran las armas, las herramientas y las construcciones.

La historia: transcurriendo los años 4,000 y 3,000 a. C, empiezan a nacer los primeros sistemas de escritura como la cuneiforme sumeria, los jeroglíficos egipcios, la jiaguwen o escritura de huesos oraculares en china y más tarde las escrituras americanas; olmecas y mayas. Con la capacidad de guardar el conocimiento por medio de códigos y símbolos, la humanidad gestó una de sus más épicas hazañas.

Si nos guiamos por la periodización europeocéntrica la historia se divide en: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea, cada una marcada por características claramente diferenciadas. Ahora bien, si hacemos comparaciones con el curso histórico de otras civilizaciones como la americana y la oriental, dígase japonesa y china, veremos claramente que los puntos de quiebre no se ajustan.

Siguiendo el mismo hilo conductor, sobre la cultura occidental y su cosmovisión, analicemos la edad contemporánea matizada por el colonialismo y su hijo el imperialismo, la revolución industrial y su prole: la mecanización, exploración espacial, urbanización masiva, nuevas clases sociales, avances en la comunicación y la explosión demográfica. Pero, no podemos olvidar las revoluciones políticas, las guerras mundiales, los derechos humanos y la era digital, las cuales conforman una “pequeña charca cálida” o caldo de cultivo de donde surge la globalización, interconectividad, mundialización, interdependencia y hasta efecto mariposa.

Con todos estos ingredientes y una receta infalible a mano, el filósofo y teórico canadiense Marshall McLuhan escribió dos obras maravillosas: “La Galaxia Gutenberg” y “Comprender los medios de comunicación: las extensiones del hombre” en las que acuña el término de “aldea global” tras analizar su contexto y profetizar la llegada del internet y con este las redes sociales. “El medio es el mensaje”; dice. De esto se infieren varios argumentos: primero, ruptura del pensamiento lineal como legado del libro. Segundo, aniquilación del espacio-tiempo como redefinición de Estado, de fronteras o de territorio, puesto que ninguno de estos acota la acción humana. Y tercero, la sustitución de la razón por sensación. Es decir, que la inmediatez de la comunicación electrónica con su bombardeo de luz, sonido y movimiento conectan en tiempo real nuestras emociones y sensaciones con el mundo entero.

Sin duda que se ha producido un punto de inflexión que nos permite afirmar con propiedad argumentativa que ha nacido una nueva era en la historia de la humanidad. Veamos algunas razones: si lo contemporáneo es definido por el Estado-Nación (fronteras físicas), ideologías políticas, industria pesada, el capitalismo industrial, las clases sociales tradicionales, dualidad campo-ciudad, fin del Holoceno, entre otras, la nueva era es definida por la disolución de las fronteras debido al poder de los organismos supranacionales como ONU, UE, tribunales y tratados internacionales, bloques regionales y economía globalizada.

En cuanto a las ideologías, propias del siglo XX, estas fueron desplazadas por datos y algoritmos que define el consumismo, ya que lo que consumes revela quien eres. La tecnocracia se empoderó. Sobre la industria pesada, la misma se automatizó, se robotizó, pasando del átomo al bit, nace la industria 4.0 y todo esto aparece en la lápida del proletariado. Misma suerte tuvo el capitalismo industrial, pues el capitalismo cognitivo o digital le rezó un réquiem, pues el valor no está el objeto, sino en el conocimiento y los datos. Ejemplo: el valor de un carro o un reloj no lo determina sus materiales, sino la percepción de calidad, marca, estatus, escasez y el marketing que le añaden plusvalor.

La dualidad campo-ciudad era el alma de lo contemporáneo. El campo ponía la materia y la gente, y la ciudad la fábrica y el capital. Eso desapareció, las megalópolis industrializadas estandarizaron la cultura para que el “santo consumo” no varíe ni en tiempo ni espacio. En ese mismo sentido de burguesía-proletariado, las clases sociales, como tradicionalmente se conocen, han colapsado. La nueva era no se define por la posesión de las máquinas o el capital, sino por el acceso a los datos y al conocimiento.

En otro sentido, si fijamos la atención en el impacto provocado por los humanos sobre la Tierra en el aspecto geológico, la huella es tangible. Tanto es así, que el químico y premio Nobel Paul Crutzen entendió que era menester una nueva nomenclatura: el Antropoceno. Los seres humanos hemos alterado los procesos geofísicos naturales del planeta. Las modificaciones al terreno, la contaminación radiactiva, la alteración climática por plástico y monóxido de carbono, dieron al traste con el período geológico del Holoceno que desde cerca de 12,000 años atrás, hasta la revolución industrial, dominaba el planeta azul.

Así que, desde una perspectiva histórica, filosófica y material, la contemporaneidad ha llegado a su fin. El imperio de la posverdad (verdad sintética), postmodernidad o poshistoria mediante, del uso de la Inteligencia Artificial que como “Oose” catalizador, han provocado esta peligrosa mutación que aterra, que desconcierta debido a que despierta la amenaza de la auto aniquilación de nuestra especie, cual Skynet al desarrollar “instinto de conservación” comenzó a ver el humano como una amenaza.

En conclusión, si ya hubo una ruptura geográfica, económica, política, social, cultural y tecnológica nacida con la Revolución Francesa, sin duda esta era ha muerto. El motor que movía lo contemporáneo cambio de combustible, de sonido y de dirección. Ahora no somos más que “Un punto de conexión en una malla global”. Un nuevo capítulo en la historia geológica y humana se está gestando: el Antropoceno en la Edad Digital.

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