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El irlandés John Murphy Fitzgerald de Galway fue un antiguo filibustero de la isla de La Tortuga que formó parte de la infantería española que resistió la flota inglesa comandada por William Penn y Robert Venables que pretendió tomar la ciudad de Santo Domingo en 1655. En 1654 encabezó las tropas de lanceros y arcabuceros criollos y españoles que recuperaron la isla de La Tortuga de manos francesas.

Acaso tras su deserción en 1633, después de una pelea con la nueva administración inglesa en la isla de Tortuga y la prestación de sus servicios al gobernador de la isla de Santo Domingo para la toma de aquel enclave corsario a los ingleses un año después, castellanizó plenamente su nombre de Juan Morf a Juan de Morfa Geraldino. Calificado como el oficial irlandés más célebre de la isla, murió en 1671. Dejó un hijo, Álvaro, también militar, quien utilizó sus apellidos castellanizados.

A la distancia de más de cien años de la muerte de Juan de Morfa y separado de él cuatro o más generaciones, en Yuna, Bonao, encontramos a Juan Morfa, cuya primera referencia consta en el acta de defunción de su esposa, Pascuala de Vargas, nacida hacia 1767, pues falleció en 1817 a la edad de 50 años; en ese documento consta que era “mujer de Juan Morfa”. Juan le sobrevivió: en 1826, en Yuna, dio poder a su hijo Manuel Morfa para vender en Las Demajaguas, Masipedro, terrenos que su esposa había recibido como herencia de sus padres. Hasta ahora, no hemos podido localizar su acta de defunción, ni tampoco parientes, aunque bien pudo haber tenido algún vínculo familiar con Andrés Morfa, quien compró terrenos en Jamo, La Vega, a Pedro Santiago Núñez en 1798 y que vendió a Petrona Hernández en 1807.

Pascuala de Vargas era hermana de Pedro, Jacinto, Manuel y Eusebio de Vargas e hija de María de la Cruz, quien legó a sus hijos terrenos en Yuna, conforme adjudicaciones que se les otorgaron en 1785 y que estos conservaban todavía en 1862, cuando formalizaron su partición amigable en Bonao. Por ese documento sabemos que los esposos Morfa de Vargas procrearon cuatro hijos: María, Félix, Tiburcio y Manuel. De ellos, María fue esposa de Jorge Reynoso y Félix fue padre de Pío, José y Antonia Morfa, esta última esposa de Pedro Columna y madre de Lorenzo, Secundina, Trifón y Juana Columna Morfa, todos menores de edad para 1862, conforme un acto de venta de terrenos en Yuna entre la citada Antonia Morfa y Francisco Morfa y Antonio Severino, instrumentado en ese año.

Como nota al margen, cabe significar que Pedro Columna era propietario de un hato de cerdos en Yuna de tal dimensión que podía sacar de sus piaras cien puercos de cualquier color y que para no afectar su crianza llegó a ofrecer cuarenta onzas de oro para que el puesto militar de Bonao no se fundara allí en 1859. Su hijo Lorenzo Columna Morfa fue ascendido a general de brigada por el presidente Ulises Heureaux en 1892.

Tiburcio Morfa de Vargas casó en Bonao en 1863 con Cecilia Báez Germán, con quien procreó, entre otros, al general Juan Antonio Morfa Báez (Chucho), presidente del ayuntamiento de Bonao (1884, 1893), regidor (1898) y jefe comunal (1899) y quien casó en 1891 en La Vega con Emerenciana Rivas Pérez; fue padre de Juan Antonio Morfa, síndico municipal de Bonao (1927), y bisabuelo del exministro de Defensa Carlos Luciano Díaz Morfa.

Tiburcio Morfa de Vargas murió en Bonao en 1879 “de edad años cientos”, según su acta de defunción, por lo que nacería antes de 1779, aunque acaso su edad no fuese centenaria, si consideramos, como dijimos, que su madre tenía 50 años al momento de su muerte en 1817.

Manuel Morfa de Vargas casó con Melchora Reynoso Reynoso, y fue padre de Dorotea, Francisco, Brígida Morfa Reynoso y un hijo de nombre desconocido. De ellos, Dorotea nació en 1812 fue bautizada en La Vega en el mismo año; en su acta de bautismo, consta que sus padres eran “naturales del Bonao”.

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Francisco Morfa Reynoso casó en La Vega en 1838 con Paula Marmolejo, y tuvo al menos una hija, Lorenza Morfa, quien a su vez tuvo un único hijo, Rosendo Morfa. A su vez, Brígida Morfa Reynoso contrajo matrimonio con Antonio Severino, siendo madre, entre otros, de Petrona Severino Morfa, quien casó en La Vega en 1848 con Francisco Reynoso Espinosa. Brígida murió en Bonao en 1890 a la edad de 70 años.

Dorotea Morfa Reynoso y su hermano innominado no sobrevivieron a su padre, pues este en su testamento, otorgado en La Vega en 1854, solo mencionó a Francisco y Brígida. En este documento, citó además dos nietos, Escolástica y Severino.

Por tres generaciones, la familia estuvo vinculada a la tierra como su mayor activo en el mundo rural: Manuel Morfa de Vargas era propietario de terrenos en Llanito, Bonao Arriba, Masipedro, Yuna y entre el Caño Grande y Yuna; en la ciudad de La Vega tenía un bohío de tablas de palma. En la jurisdicción de Bonao también era propietaria de terrenos su suegra Ángela Reynoso, quien lo nombró su ejecutor testamentario junto a su hijo Esteban Reynoso en ocasión de la instrumentación de su testamento en 1831. Un inventario de los bienes relictos por Manuel Morfa fue instrumentado en 1895.

En el mismo orden, para 1862, como consta en un acto de venta de 25 pesos de terreno en Majagual, Yuna, instrumentado en Bonao en ese año e intervenido entre Manuel Santos y Francisco Morfa y Antonio Severino (a) Maruco, estos últimos eran residentes en Bonao Arriba, donde eran agricultores.

El vínculo entre Juan de Morfa y Juan Morfa, más allá de la homonimia, es de difícil confirmación, por la falta de archivos que nos permitan avalarlo. Pero si existiese una relación de consanguinidad, no hay duda de que los ecos de La Tortuga resonaron en las tierras del antiguo hato del Bonao, trasuntados entre reses y puercos.

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Edwin Espinal Hernandez

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