Capsula Genealogía
Los Periche: la huella de los corsos en Santo Domingo, un estudio de caso
La presencia de familias y/o individuos de origen corso en República Dominicana ha concitado la atención de contados miembros del canon genealógico criollo.

Mapa de Córcega, Bellin, 1760.
La presencia de familias y/o individuos de origen corso en República Dominicana ha concitado la atención de contados miembros del canon genealógico criollo. Pese al carácter “discreto” o “limitado” de dicha migración, por haber transcurrido en una época relativamente reciente y con efectos a largo plazo que apenas empiezan a verificarse, el archivo de apellidos corsos es atrayente. La lista indicativa, en la que figuran los Biaggi, Bona (una de sus ramas), Bonnelli, Caccavelli, Calisti, Carbuccia, Chiappini, Demorizi, Dominici, Grisanti, Giudicelli, Guiliani, Mariani, Mariotti, Micheli, Mondesert, Nassica, Potentini, Padovani, Periche, Orsini y Santoni, entre otros, es señal inequívoca de que el flujo de personas desde Córcega a Santo Domingo amerita de nuevos estudios prosopográficos profundos y exhaustivos.
En términos históricos, la migración de corsos hacia el Caribe arrancó, de manera más o menos regular, en la segunda década de la décimo novena centuria. Valga recordar que el rey Fernando VII, en interés de fomentar el comercio, la agricultura y el poblamiento (de blancos y católicos) en los márgenes del imperio promulgó, en 1815, la denominada Real Cédula de Gracias que pretendía simplificar el acceso a tierras con vocación agrícola y otorgar privilegios fiscales y de naturalización tanto a los extranjeros ya instalados en Cuba y Puerto Rico como a los que, desde el viejo continente, aún soñaban con “hacer las Américas”. Se trata, sin dudas, de un factor de atracción (en referencia al lugar de acogida), que sedujo a decenas de miles de individuos y les impulsó a probar fortuna en distintos rincones del arco antillano.
En cuanto al factor de expulsión (es decir en el solar de origen), se comprueba que hubo varios eventos concatenados que contribuyeron a promover el éxodo: la derrota del caudillo Pasquale Paoli y su proyecto de república liberal, el malestar que produjo el dominio francés entre algunos sectores insulares, la conscripción obligatoria impuesta desde París y la explosión demográfica que experimentó el Cap Corse hacia fines del siglo XVIII.
Debemos mencionar, también, que la mayoría de los corsos que asentaron en República Dominicana llegaron desde las demás Antillas atraídos por las oportunidades favorables que brindaban el comercio, la agricultura y, por último, aunque no por ello menos importante, la expansión de la economía azucarera. Resulta, a todas luces, evidente que dicha migración no respondió a un orden estructurado, como puede haber sucedido en otros lugares, sino que obedeció a la presencia de una serie de redes económicas y sociales, que se fueron construyendo y distribuyendo por la cuenca del Caribe, conectando familias, puertos y negocios.
Si atendemos a las fuentes primarias y a los testimonios orales, tenemos que los primeros corsos aparecieron en las grandes ciudades del país -y en las zonas vinculadas a la producción azucarera- entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. A pesar de que, desde un punto de vista estrictamente demográfico, el contingente corso en República Dominicana fue reducido y no conformó una colonia compacta ni culturalmente diferenciada, su influencia se ha manifestado a través del comercio, el arte, las ciencias, la economía y la política, lo que les ha permitido integrarse en la sociedad dominicana.
Casuística: los Periche
El primer individuo del que tenemos constancia, el nombrado Matteo Pericchi, oriundo de Pietracorbara. Casó con María Antonia Caratini, pietracorbaraise, en quien tuvo a Domenico Pericchi Lazarini, nacido alrededor del año 1796, marinero de profesión, quien celebró desposorios el 1 de mayo de 1820 (Pietracrobara –Bautismos, matrimonios y defunciones 1820, fol. 2 vo s/n), con Catarina Damiani, tejedora, hija de Pietro Damiani y María NN. Domenico y Catarina fueron padres, a su vez, de Mateo, quien vio la luz en Pietracorbara y fue apadrinado por Carlo Francesco Giorgi y Giacomina Lazarini, según se desprende de la lectura del acta sin numerar, registrada el 30 de septiembre de 1827, en el folio 6 recto, del correspondiente libro de nacimientos, matrimonios y óbitos de la comuna de Pietracorbara, distrito de Bastia.
La línea agnada o de varón continúa con Mathieu Pericchi Damiani, quien tomó por esposa a Marie Antoinette Damiani, siendo ambos padres de:
Eugene, de la misma naturaleza que sus padres, cuya declaración de nacimiento pasó ante el alcalde y oficial del estado civil de la villa, Henri Sinigaglia, el 20 de abril de 1871 (Pietracrobara–Bautismos, matrimonios y defunciones 1871, fol. 9 ro s/n). A efectos cronológicos, tenemos que Mathieu expiró en la citada villa de Pietracorbara el 16 de abril de 1895.
Volviendo sobre nuestra relación, el próximo de la línea, Eugene Pericchi Damiani matrimonió el 26 de agosto de 1897 con Marie Bartolomei Guiliani, quien recibió las aguas lustrales en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Guayanilla, Puerto Rico, el 24 de agosto de 1878, de manos del cura propietario Joseph María Nazario (fuente: comunicación privada con Fernando Periche). La novia era hija de la pareja de emigrantes corsos conformada por el agricultor Francois Bartolomei y por Marianne Guiliani. Fruto de esta unión nació:
Jean Baptiste Pericchi Bartolomei, tronco de la rama dominicana, que vio la luz en Pietracorbara el 14 de mayo de 1899. Sirvió en el ejército francés y falleció en Santo Domingo a 26 días del mes de agosto de 1963. De sus esponsales con la banileja Cristina Ofelia Vidal Cabral, hija de Rafael Vidal Arias y Nicela Cabral Riera, tuvo los siguientes hijos: Eugenio, Máximo, Mateo Fernando, Guillermo, Juan y Luis Armando. De ellos, Mateo Fernando Periche Vidal, ingeniero y empresario, nacido en Barahona el 25 de marzo de 1932. Fue presidente del Banco Industrial de Desarrollo e Inversión, presidente de la Asociación de Bancos de Desarrollo, director general de minería con rango de secretario de Estado, secretario de Obras Públicas y Comunicaciones, administrador general del Banco de Reservas de la República Dominicana, director ejecutivo y fundador del Centro Dominicano de Promoción de las Exportaciones, gobernador del Banco Central y propulsor del Museo Numismático.
Areíto
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